A pesar de que el ministerio de los ángeles sea de extrema importancia en la obra de Dios, aun así, nosotros no podemos, en ningún caso adorarlos, ya que ellos son nuestros siervos, esto es, tan siervos de Dios como nosotros. El apóstol Juan escribió, con respecto a este asunto: «Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios».
«Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira: no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios…» (Apocalipsis 19:9-10).
Y nuevamente el apóstol escribe: «Yo soy Juan, el que oyó y vio estas cosas. Y después que las había oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios» (Apocalipsis 22:8-9).
Como vemos claramente, nosotros no podemos actuar con los ángeles de la misma forma que con Dios, pues ellos son tan siervos como nosotros. Además, ¡nosotros nunca podemos pedir a los ángeles cualquier cosa, pues ellos solamente atienden las órdenes de Dios! ¡Lo que nosotros podemos y debemos pedir a Dios en el Nombre de Jesús es que Él envíe a sus ángeles para ayudarnos a realizar Su santa voluntad, impidiendo que los principados y potestades vengan a bloquearse en el desenvolvimiento de la obra de Dios! Los ángeles solamente oyen la voz de Dios, pues como ya dijimos: ellos son mensajeros y siervos de Dios. Nosotros debemos respetarlos como mensajeros del Señor ¡más nunca adorarlos!
Continuará…
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Libro: Estudio del Apocalipsis Vol 1
Autor: Obispo Edir Macedo

