«Juan, a las siete iglesias que están en Asia: gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén» (Apocalipsis 1:4-6).
El apóstol Juan hizo estos versos de saludo a las siete iglesias que están en Asia. Existen los que creen que estas iglesias probablemente simbolizaban diferentes épocas o periodos de la historia de la Iglesia Cristiana; otros han creído que estas siete iglesias representan las condiciones espirituales de las iglesias cristianas, en cualquier época de la historia. Si determinamos la localización de estas siete ciudades, en un mapa, en el orden en que las iglesias son citadas, es decir: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea, descubrimos que el diseño así formado formará un círculo, lo que significa una señal de perfección, lo que coaduna bien con el significado del número de ellas. Siendo así, es posible entonces que cada carta exprima el pensamiento de Dios con respecto a todas las iglesias cristianas existentes en el mundo entero y en todas las épocas a partir de la iglesia primitiva.
El saludo del apóstol es de parte de Dios-Padre. (Aquél que es, que era y que ha de venir), de Dios Espíritu.
Siete Espíritus:
1.–Espíritu del Señor.
2.–Espíritu de sabiduría.
3.–Espíritu de inteligencia.
4.–Espíritu de consejo.
5.–Espíritu de fortaleza.
6.–Espíritu de conocimiento
7.–Espíritu de temor al Señor
(Isaías 11:2), y finalmente del Dios-Hijo (Jesucristo, el Fiel testigo, el Primogénito de los muertos y el Príncipe de los reyes de la tierra).
El apóstol Juan define el grado de amor que el Señor Jesús tiene por Sus siervos refiriéndose a Su sangre derramada en la cruz y que nos lava de nuestros pecados. de hecho la sangre del Señor Jesús es capaz de lavarnos de nuestros pecados cuando reconocemos Su sacrificio en el Calvario por nosotros, Le confesamos con nuestros labios y creemos de todo nuestro corazón, conforme a lo escrito:
«… que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación» (Romanos 10:9-10).
Continuará…
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Libro: Estudio del Apocalipsis Vol 1
Autor: Obispo Edir Macedo

