«Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo estaba es el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea» (Apocalipsis 1:9-11).
Antes de que el apóstol del amor entrase en la descripción de su visión del Señor Jesús, él se identifica con cualquier seguidor del Señor como hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia en Jesús. Ahí estaba la característica principal de los cristianos primitivos:
- Hermano: Condición de aquellos que nacieron del agua y del Espíritu y por eso mismo se vuelven hijos de Dios, y viven en comunión permanente delante del mismo Padre.
- Compañero en la tribulación: Son las tribulaciones que hacen separar la paja del trigo, los infieles de los fieles. Dios siempre permite que las tribulaciones vengan, porque ellas son como el fuego que purifica el oro. No es que nosotros debamos orar para que ellas vengan, pues más pronto o más tarde ellas siempre aparecen. Y entonces cuando eso sucede, los verdaderos siervos se mantienen firmes mientras que los falsos desaparecen.
- Compañero del reino: Significa compañero en la iglesia, en la ayuda mutua y en el esfuerzo común en llevar para otros la misma salvación que un día encontró.
- Compañero en la perseverancia en Jesús: Significa el cambio de ayuda en oración, ayuno y estímulo de la Palabra de Dios, con el fin de que todos permanezcan unidos en Un sólo Espíritu, en una sola fe delante de Un sólo Dios.
El apóstol juan fue exiliado a la isla de Patmos alrededor del año 85 después de Cristo, según tradición de la era apostólica, y esto ocurrió durante la persecución promovida por el emperador romano Domiciano. Él fue exiliado para aquella isla no porque había robado, matado o casa semejante, sino simplemente porque anunciaba la Palabra de Dios y era testigo del respeto a la resurrección del Señor Jesús. Además, ese era y continúa siendo el motivo por el cual los hombres de Dios son llevados a las prisiones; no es por mal que ellos hagan a la sociedad, sino por el bien que procurar hacer es que son llevados a los tribunales. Y ¿por qué? porque como está escrito: «… y el mundo entero está bajo el maligno» (1 Juan 5:19).
Es decir, aquél que es de Dios siempre será perseguido por aquellos que no son de Dios, y como el mundo entero está bajo el maligno, entonces es obvio que siempre habrá injusticias por parte de aquellos que no son de Dios para con aquellos que son de Dios.
Continuará…
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Libro: Estudio del Apocalipsis Vol 1
Autor: Obispo Edir Macedo

