Carta a la iglesia de Filadelfia (Parte 1)

«Escribe el ángel de la iglesia en Filadelfia: esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre. Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra» (Apocalipsis 3:7-10).

En cada identificación que el Señor Jesús da de Sí mismo para cada iglesia mostrando los diferentes aspectos de Su Persona, determina la naturaleza de aquella iglesia. Siendo así, la iglesia de Filadelfia Él dice: «Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, Aquél que tiene la llave de David, que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre». De acuerdo con esa identificación nosotros entendemos que aunque la iglesia de Filadelfia tuviese poca fuerza, aún así, Aquél que tiene la llave de David tiene automáticamente el control del poder para determinar quien entra o no en el Reino de Dios, y que la pequeña fuerza de esa iglesia jamás puede influir en su condición de poder conquistar, desde que ella mantenga el firme propósito de guardar la Palabra de Dios y el Nombre del Señor Jesús.

Esa iglesia puede representar a aquellos cristianos que incluso debido a la condición de flaqueza, quiera que sea de orden material o de orden cultural, tales como condiciones financieras o grandes conocimientos, quiera que sea de orden espiritual, como la falta de los dones del Espíritu Santo, aún así presentan obras para Dios. Si trabajo en la obra del Señor casi nunca aparezco delante de los demás, todavía su fidelidad en la práctica de la Palabra de Dios y en la confesión del Nombre de Jesús hace de ella una iglesia inmaculada e irreprensible delante de Dios. La flaqueza del hombre de Dios no siempre significa su debilidad, pues también el apóstol Pablo tenía flaquezas, incluso en una de ellas él había pedido tres veces a Dios que la retirase: era el espino en su carne; lo que el Señor respondió:

«Bástate mi gracia: porque mi poder se perfecciona en la debilidad, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo» (2 Corintios 12:9).

Continuará…

Si le interesa lea también: Carta a la Iglesia de Sardis (Parte 3)

Libro: Estudio del Apocalipsis Vol 1
Autor: Obispo Edir Macedo

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