Todos los autores de libros sobre el Apocalipsis han coincidido en que, a partir de ese capítulo, el libro de la Revelación ha sido una verdadera incógnita, especialmente hasta el capítulo décimo noveno. La esperanza de desvendar el misterio ha impedido a los hombres más eminentes y eruditos emplear sus talentos y consumir su tiempo más insondable búsquedas de respuestas. A causa de eso, muchas hipótesis y conjeturas bien intencionadas han sido hechas en ese sentido, sin embargo, todo ha sido en vano hasta ahora, pues ellas no han conseguido explicar las profecías contenidas a partir de ese capítulo.
A pesar de eso, nosotros no hemos sido des encorajado a meditar y buscar en el Espíritu Santo la revelación del desconocido, por el contrario, aunque creíamos que la Iglesia del Señor Jesús no pasará por la gran tribulación del final de los tiempos y que ese mismo tiempo está prestes a iniciar, es obvio que el propio Dios, a través de Su Espíritu, tenga interés en revelar a Su Iglesia de hoy el entendimiento de esas profecías con el intento de fortalecerla y así prepararla para el arrebatamiento que se producirá inmediatamente antes de la Gran Tribulación. Además de eso, este autor está convencido de que, si ellas no tuviesen el propósito de ser reveladas especialmente para la Iglesia del Señor Jesús de los últimos días, ellas no habrían sido transmitidas.
Las explicaciones que ahora pasamos a colocar a disposición de la iglesia expresan sólo una visión personal de aquello que creemos ser inspiración de Dios. Nosotros hemos acompañado y observado en los últimos acontecimientos del mundo en función de las profecías que están ahora en cuestión. El paralelo de los hechos mundiales con las profecías apocalípticas se ha estrepitoso hasta tal punto que no deja ningún margen de duda en cuanto al hecho de que nosotros vivimos el inicio apocalíptico. el Señor Jesús dijo:
«De la higuera aprendiz la parábola: cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero del día y la hora nadie sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. Mas como en los días de Noé, sí será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada y la otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis» (Mateo 24:32-44).
Por tanto, hay que vigilar y orar para que el ladrón no venga arrumbar la puerta de nuestro corazón y consiga así robar el mayor tesoro que el Señor Jesús nos dio, es decir: ¡nuestra salvación eterna!
Continuará…
Si le interesa lea también: Siete Espíritus de Dios (Parte 2)
Libro: Estudio del Apocalipsis Vol 1
Autor: Obispo Edir Macedo

