La acción de gracias

Creo que esta parte tan importante de la oración no necesita comentarios, ya que un sentimiento de agradecimiento a Dios nunca será olvidado por aquellos que experimentan las bendiciones de Dios. Cuando agradecemos al Señor anticipadamente por una petición, estamos poniendo a prueba nuestra fe en su Santa Persona.

Nada de lo que pidamos tendrá efecto si no usamos la “llave” para ser atendidos, que es el Nombre del Señor Jesucristo. Dijo Jesús:

“Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré…” (Juan 14:13).

Dios Padre nos atiende por causa del Nombre de su Hijo Jesús. ¡Este Nombre es el secreto del milagro nuestro de cada día!

El perdón

Nadie que desee andar tras los pasos del Señor Jesús debe ignorar o despreciar una de las mayores y más sublimes leyes morales, que es el perdón. Creo que el cristianismo jamás podría sobrevivir, y hasta la venida del Señor Jesús no tendría ningún sentido si el espíritu del perdón no funcionase en lo más íntimo del ser humano.

La Biblia nos enseña que Dios puede comprender nuestras fallas, errores y debilidades, pero nunca puede comprender a quien se niega a practicar el perdón. La persona que se niega a perdonar está siendo injusta consigo misma, ya que todos cometemos errores. El corazón que perdona siempre encontrará salida para redimirse delante de Dios y de los hombres, pero ¡el inflexible jamás será salvo!

Cuando cultivamos un resentimiento contra alguien, estamos permitiendo que la semilla del mal brote dentro de nosotros. Cuanto más tiempo la dejemos intacta más difícil será arrancarla. No sirve de nada olvidarla, ni aún cubrirla con obras de caridad, porque tarde o temprano hará aparecer sus hojas y, consecuentemente, sus frutos nocivos.

Ésta es una de las razones fundamentales por la que afirmamos que el perdón es mucho más que una simple virtud, es una gran necesidad.

Continuará…

Si le interesa lea también: Sabiduría salvadora (Parte II)

Libro: En los Pasos de Jesús
Autor: Obispo Edir Macedo

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