Morada
Dijo el Señor Jesús:
“El Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros.” (Juan 14:17)
El apóstol Pablo dijo:
“Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él.” (Romanos 8:9)
Creo que solamente la persona bautizada en el Espíritu Santo tiene la más absoluta certeza de que el Espíritu de Dios habita dentro de ella. Esto es verificado claramente en la comunión con aquellos que también fueron bautizados. Cuando el asunto gira en torno a las cosas espirituales hay profunda alegría y convicción de la presencia de Dios.
Revestimiento de poder
Dice el Señor Jesús:
“…después de haber dicho estas cosas, fue elevado mientras ellos miraban, y una nube le recibió y le ocultó de sus ojos.” (Hechos 1:8)
El bautismo en el Espíritu Santo es el sello del poder, el revestimiento de condiciones especiales no sólo para dar testimonio, sino para dar vida a aquellos que están muertos espiritualmente.
Para que podamos dar testimonio con respecto a la resurrección de Jesús, es necesario que nosotros tengamos una relación profunda con Su Espíritu para que Él use nuestra lengua para hablar como Jesús habló, use nuestro ser para actuar como Jesús actuó.
En otras palabras: ¡El Espíritu Santo en nosotros nos hace ser como Jesús era, de tal forma que las personas con quien hablamos sienten lo mismo que sentían las personas que oían hablar personalmente al Señor Jesús! ¡Esto es revestimiento de poder!
Santificación
La palabra santificación significa separación. Cuando somos sellados con el Espíritu de Dios, somos automáticamente separados de este mundo para Dios, es decir: dejamos de pertenecer a este mundo para pertenecer exclusivamente a Aquél que nos llamó.
El Espíritu Santo nos conduce a tener comunión sólo con aquellos que también le pertenecen, y entonces se cumple el salmo que dice:
“¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche! Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera.” (Salmos 1:1-3)
Dirección
Cuando la persona es revestida de la gracia del Espíritu Santo, tiene Su dirección para toda la verdad, como el Señor Jesús prometió diciendo:
“…pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad…” (Juan 16:13)
Y tiene la certeza de ser hijo de Dios:
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.” (Romanos 8:14)
Continuará…
Libro: El Discípulo del Espíritu Santo.
Autor: Obispo Edir Macedo

