Dios no tenía ningún interés en probar nada al diablo, pero sí dejar a la humanidad un ejemplo de fe y carácter, capaz de proteger y resguardar a la propia persona en este mundo contra todo mal.
Job se convirtió en la propia expresión de dolor y de sufrimiento, tanto en la parte espiritual y emocional como en la parte física, con todo el Señor Dios sabía que a pesar de todo su sufrimiento, Job jamás se volvería contra Él. ¿Por qué? Porque su carácter era perfecto.
El ejemplo de Job es como si Dios estuviese hablando a toda la humanidad así: “¡Mirad! Si vosotros tuvieseis un carácter semejante al de Job, entonces el mal solamente podría tocar en vosotros si tuviere mi permiso”. En otras palabras: el mal jamás podrá tocar a aquellos que tengan una conducta igual a la de Job.
Aunque Job fue el hombre más rico y poderoso de Oriente, aún así no permitió que su poder y autoridad se le subiese a la cabeza; siempre fue íntegro y recto en la dirección de sus negocios delante de los demás negociantes; nunca quiso sacar ventaja de las debilidades de sus semejantes, sino que procedía justa y honestamente con todos. En lo que atañe a su temor para con Dios podemos ver su conducta con referencia a sus hijos. Terminando los días de banquetes y fiestas que sus hijos daban:
“Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba por ellos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones. Así hacía Job siempre.” (Job 1:5)
En cuanto al desvío del mal, Job no participaba de los banquetes de sus hijos, tanto es así, que cuando el diablo destruyó la casa en que sus hijos estaban celebrando su fiesta, él no se encontraba allí. Ciertamente evitaba aquellas fiestas para no acabar pecando contra Dios.
Continuará…
Libro: El Discípulo del Espíritu Santo.
Autor: Obispo Edir Macedo

