¿Será que uno está sufriendo por lo que de verdad es necesario?
Diariamente se nos presentan propuestas: de carreras, nuevos trabajos, relaciones, estudios… en fin, las propuestas vienen de diferentes maneras.
Cuando aceptamos ciertas propuestas, empezamos a hacer sacrificios para mantenerlas. Damos nuestro tiempo, nuestra atención y nuestro esfuerzo, solo por algo que en el momento parece importante.
A veces lo hacemos sin estar seguros de que todo saldrá bien, y aun así seguimos sufriendo, incluso cuando las cosas no resultan como esperábamos.
Lo peor de esta situación es que lo seguimos haciendo, aunque nos perdamos en el proceso.
Pero ahí está la pregunta clave: ¿Qué estamos haciendo mal y en qué deberíamos enfocarnos?
La Biblia nos enseña así:
“Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las pasiones carnales que combaten contra el alma.” (1 Pedro 2:11)
Para empezar, como humanos y como seguidores de Cristo Jesús, se nos está olvidando algo: en este mundo solo estamos de pasada. Nuestra “residencia” no es eterna mientras seamos carne y huesos. Ahí es donde surge la necesidad de la salvación.
Muchos no están sufriendo ni sacrificando por su salvación, y la están descuidando. La dejan atrás, aunque saben que la verdadera felicidad y el mayor logro están ahí.
¿Por qué muchos están descuidando la salvación eterna?
La salvación tiene su precio; eso está muy claro en la Biblia. El Señor Jesús, cuando levantó la copa de ira, lo hizo porque sabía que tenía un precio que pagar después: el sacrificio que hizo por nosotros para separar a la humanidad del pecado.
Pero para que haya separación, uno también tiene que pagar el precio con obediencia, negarse a sí mismo y abstenerse.
Las pasiones carnales se refieren a todos los deseos o impulsos que nos separan de Dios y que son guiados por la carne. Malos pensamientos, enojo y orgullo son muchas veces la ruta hacia el pecado.
Abstenerse significa evitar o contenerse de manera intencional; es una decisión activa y consciente. Las pasiones pueden parecer buenas por un momento, pero en realidad lo que hacen es separarnos de lo más importante: lo eterno, la salvación y Dios.
Con todo esto les digo: si uno no tiene la certeza de lo Alto, de la paz y de todos los frutos que se mencionan en la Biblia, es porque no tiene la salvación. Está priorizando otras pasiones o propuestas, y no lo que Dios nos da: la vida eterna con Él a través del Espíritu Santo.
Les sugiero que, si no tienen la certeza que viene de Él, se enfoquen y busquen lo que Él tiene prometido para ustedes.
No se distraigan y recuerden que nosotros solo somos pasajeros en este mundo; lo eterno viene después, pero debe haber entrega.
Sufran por lo que ha sido prometido.

