¿Qué heredamos al nacer?

¿Cargamos una herencia desde que nacemos?

Todos, cuando nacemos, tenemos un tipo de herencia que nos espera. Por ejemplo, si alguien nace en una familia con dinero, muchos dicen: “La gran herencia que le espera a ese niño; no va a tener que trabajar mucho”.

Otro ejemplo: cuando una pareja es atractiva, muchos comentan: “El hijo de ellos va a ser muy bonito porque sus padres son guapos”.

Y si una familia es pobre, sucede lo mismo: la gente dice: “Ese niño no va a tener mucho”.

Pero las herencias mencionadas solo son externas y superficiales. Casi nunca escuchamos hablar de lo interno: de la bendición o la maldición que una persona puede heredar.

Por eso la Biblia nos enseña así: “Llamo hoy al cielo y a la tierra como testigos contra ustedes: pongo delante de ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elijan la vida, para que vivan ustedes y sus hijos” (Deuteronomio 30:19).

¿Qué es la herencia de la maldición y de la bendición?

Cuando se habla de lo interno, se está hablando de la decisión que todos tenemos que tomar: ser guiados o rechazar. La maldición es el resultado de rechazar Su camino, y la bendición viene de obedecer a Dios. Así de simple.

Nosotros hemos nacido con la herencia de elegir entre la maldición y la bendición. Pero hay algo que debemos entender: cuando rechazamos Su camino, heredamos maldiciones que muchas veces vienen de la familia.

Por ejemplo, si los padres no tuvieron un buen matrimonio, es común que lo mismo se repita. Mal carácter, problemas de salud, errores y pecados: todo eso puede heredarse como una cadena de maldición cuando no se sigue Su camino.

La Biblia nos dice así: “Ustedes llenaron sus pulmones de incredulidad contaminada y luego exhalaron desobediencia. Todos lo hicimos: cada uno haciendo lo que le daba la gana, cuando le daba la gana; todos estábamos en la misma situación” (Efesios 2:2).

Aquí, en el versículo, nos damos cuenta de que la maldición es el producto de la desobediencia. Y, como el versículo explica, mientras estamos en desobediencia, más nos llenamos de maldiciones.

Pero si uno está en maldición cuando es desobediente, ¿qué pasa cuando uno obedece?

Para que nosotros seamos bendecidos, debemos ser obedientes, porque es ahí donde uno demuestra su entrega.

Por eso la Biblia nos recuerda: “El Dios de nuestros antepasados levantó a Jesús, a quien ustedes mataron colgándolo en una cruz. Dios lo exaltó a Su diestra como Príncipe y Salvador, para dar a Israel el regalo de una vida transformada y el perdón de los pecados. Y nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, a quien Dios da a los que le obedecen, da testimonio de cada detalle” (Hechos 5:30).

Jesús fue puesto en la cruz por nuestros pecados; eso significa que fuimos nosotros quienes lo pusimos en la cruz. Aquí ya no se está hablando del pueblo de Israel, sino de nosotros. La vida de una persona solo es transformada cuando se arrepiente de verdad. Pero el símbolo verdadero de ese arrepentimiento es el Espíritu Santo; es ahí donde se sabe que uno verdaderamente está viviendo en obediencia total.

Con todo esto dicho, les digo: no sigan cargando la herencia del mundo, que es la maldición. Jesús dio Su vida para que uno pueda elegir y vivir en la bendición. Cuando uno lo elige a Él y obedece, Él le da la herencia más grande de todas las bendiciones. Él convierte a uno en la propia bendición por medio del Espíritu Santo.

Deje que Él transforme su vida y vuelva a nacer en Cristo Jesús para tener la herencia mayor, que es lo eterno.

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