¿Dudan de Su Palabra?

¿A usted le gusta que alguien dude de su palabra?

Todos tenemos momentos en los que alguien cuestiona si estamos diciendo la verdad. Es decir, nos cuestionan porque tienen “dudas” sobre quiénes somos o sobre nuestro carácter. Muchas veces, esto también sucede con nuestra fe o creencia. Pero la duda no es algo pequeño. Si hay algo que la Biblia nos enseña, es que existen pecados morales y pecados del comportamiento espiritual. La duda es uno de los principales pecados del comportamiento espiritual.

Por eso, la Biblia dice así: “Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes” (Santiago 4:6).

Muchos aún no creen por falta de conocimiento, práctica y humildad. Todo ser humano, aunque esté sufriendo, quiere hacer las cosas a su manera y no le da crédito a lo que está escrito, que es la verdad.

A nadie le gusta ser cuestionado, mucho menos a Dios, que solo dice la verdad. Pero la duda es una aflicción del comportamiento espiritual.

¿Cómo se resuelve este problema? ¿Cómo salir de la duda?

La respuesta corta: ENTREGA.

La entrega sincera y verdadera es necesaria para tener una verdadera experiencia con Dios. Pero, aparte de la entrega, también tiene que haber un deseo de QUERER. Uno tiene que querer salir de la duda para poder tener una experiencia y una relación con Dios.

¿Y por qué uno debería querer?

Mientras uno no conozca a Dios y no se humille, no tendrá Su Gracia ni podrá ser diferente. Uno será una persona problemática. Y no es que quiera ser así, pero como todavía tiene dudas, vive cuestionándolo todo sin tener una resolución interior, la cual solo Dios puede dar.

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La duda es pecado porque va en contra de nuestra fe y bloquea nuestra herencia del Espíritu Santo. La fe y la certeza vienen de Dios, mientras que la duda solo viene del mal. Uno debe descubrir que Dios solo está esperando que uno quiera entregarse para ser verdaderamente liberado: libre de toda duda, mentira, conflicto y trauma, para recibir la bendición de las bendiciones.

Tenemos que humillarnos para recibir Su gracia.

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