El lienzo ungido

Cuando el apóstol Pablo no podía visitar a la iglesia de Asia, sabiendo que allí había muchos dolientes, enfermos y endemoniados, envió sus objetos de uso personal. Y Dios, por las manos del Apóstol, hacía milagros extraordinarios llevaban a los enfermos lienzos y ropas de Pablo, por los que las enfermedades huían de sus víctimas y los espíritus malignos se retiraban. (Hechos 19:11-12).

Esta práctica podrá parecer y algo rara o chocante en nuestro tiempo, pero hoy nos encontramos con el mismo derecho de Pablo para atender a los enfermos que cada vez aumentan en este mundo, y que llenan los hospitales, clínicas y sanatorios. Ellos no pueden venir a nosotros y nosotros no podemos visitarlos a todos uno por uno, pues no haríamos otra cosa más que esa en el día y, además tampoco cumpliríamos el objetivo de llegar a todos; por esto, les enviamos los lienzos. Ésta es la forma de hacer llegar a sus manos los lienzos ungidos que, colocados con fe sobre la enfermedad o parte doliente, harán lo deseado.

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