“Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron” (Mateo 13:4).
Todo el mundo sabe perfectamente que el gran enemigo del ser humano es satanás, y que para vencerlo, el hombre solamente podrá usar la única arma que Dios le dio, es decir, la fe. Naturalmente, jamás conseguiríamos luchar con un ser estrictamente espiritual usando un arma física; y ésta es la razón por lo que la ciencia está siempre detrás de las necesidades básicas del hombre. Por ejemplo, actualmente la ciencia y la tecnología están utilizando todos los recursos disponibles con el deseo de vencer uno de los mayores asesinos del hombre, que es el cáncer y que ha sido hasta ahora imposible. Sin embargo, más tarde o temprano, esto sucederá; pero luego surgirá otra dolencia incurable capaz de diezmar a la humanidad sin que nada se pueda hacer. Éste ha sido el cuadro mundial a través de la historia. Es exactamente ahí que podemos ser más que victoriosos a través de la fe en el nombre del Señor Jesucristo.
Satanás sabe lo que es capaz de hacer una persona poseedora de fe y, por eso mismo, él intenta por todos los medios impedir que esta persona consiga su objetivo. Además, el propio Señor Jesús nos advierte en relación a esto, a través de la parábola del sembrador que dice: “He aquí, el sembrador salió a sembrar; y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron” (Marcos 4:3-4). El sembrador es aquél que propaga la palabra del reino, y los que oyen no la comprenden, pues viene el Maligno y arrebata lo que fue sembrado a la vera del camino. (Mateo 13:19). Mire, ¿no es exactamente esto lo que les sucede a las personas en general? ¿Cuántas veces ha sucedido que la persona asiste a una reunión, recibe la Palabra de Dios en el corazón, y entonces, no comprendiéndola, inmediatamente se desinteresa y después cae en el olvido? Éste es el gran problema de la fe, pues ella viene por el oír la Palabra de Dios.
Existe también el hecho de que las personas reciban la Palabra de Dios y la acepten con todo entusiasmo. Hasta suceden milagros en sus vidas por el hecho de haber creído con tanta facilidad. Entonces salen de la Iglesia reflejando en su vida una alegría total, pero cuando llegan a casa, y comentan con sus parientes y amigos lo que les ocurrió al entrar en la Iglesia, viene por parte de éstos la persecución, el escarnecimiento, el reproche, etc. y le comienzan a herir, afirmando que por haber ido a la Casa del Señor ahora es una fanática, que ya no puede hacer esto o aquello porque es un “gran pecado”. Esto dura hasta que la persona cesa en la fe “entusiasta”. A través de los parientes, amigos y, más aún, de aquellos a quien tanto amamos, satanás destruye lo que fue sembrado en suelo rocoso, que no tiene raíz en sí mismos y es de poca duración, y a personas, llegándoles la angustia o la persecución a causa de la Palabra, se escandalizan (Mateo 13:20-21).
La penúltima parte de los que reciben la Palabra son los que tienen sus caminos trabados por obstáculos en su fe, aquellos que reciben la Palabra, les gusta mucho y sin embargo, prefieren tomar una cervecita con los amigos (de satanás), en el bar de la esquina, o si no consideran el tiempo mejor para bañarse en el mar y apreciar el azul del mar, el calor del sol y sobre todo, el bronceado de las morenas semidesnudas; de ahí, que es casi imposible practicar la fe en la Palabra de Dios. Para ellos, los cuidados del mundo y la fascinación por el consumismo de las riquezas son de veras más interesantes que una vida purificada y sumisa al Señor Jesucristo. Es por esto que Jesús dijo: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:25-26).
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