Ya nos referimos a algunos obstáculos que satanás coloca en nuestros caminos, con el único objetivo de hacernos desistir de la lucha y consecuentemente derrotarnos. Ahora deseo aclarar algunas cosas con respecto a los obstáculos que nosotros mismos colocamos delante de nosotros y que son tan eficaces como los que satanás usa. Es el caso del tradicionalismo imperando dentro de las iglesias. Existen personas que están gimiendo cada vez más porque sus respectivos pastores o líderes religiosos las vienen adoctrinando de manera preconceptual, es decir, en vez de llevar a sus seguidores a la fe sabia y pura en la Palabra de Dios, procuran “alertar” a los fieles contra esos “falsos pastores“ que aparecen por ahí prometiendo expulsar demonios, curar a los enfermos y hacer milagros en el nombre de Jesús. Entonces ellos les advierten tener el mayor cuidado para no “caer” en las trampas de estos “falsos profetas”.
Estos eruditos pastores de despacho se olvidan de la orden del Señor Jesús, tal como registra Marcos 16:15-18: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. Yo creo honestamente que la orden dada fue muy explícita, no dejando lugar a dudas. Por eso hoy existe una verdadera explosión de hombres de fe que propagan la fe viva y activa en el Señor Jesús. Existen casos en provecho propio, pero Dios sabe y juzga. La explosión de fe viva y activa es buena para Dios, pues alcanza y salva a las personas que están envueltas con obras de brujería, hechicerías y magias, muy difundidas en muchos países hispanos y especialmente en Brasil; y como resultado de este esfuerzo quien más gana es el Reino de Dios.
Conozco a un hombre que, en cierta ocasión, cuando todavía no había iniciado su ministerio, llegó delante de su líder espiritual, el cual era muy consagrado a Dios, y le habló de su decisión de partir a la lucha en favor de aquellos que aún no conocían a Jesús, el Salvador. Le dijo que su corazón estaba inflamado de fe y que no aguantaba más estar sentado en una poltrona oyendo y alimentándose, mientras los perdidos se aglomeraban en los “terreiros” de macumba. Entonces, después de un largo debate, en que el líder intentó persuadirlo para que desistiera de la idea, el hombre citó el pasaje de Marcos 16. Entonces el Pastor contestó, diciendo: “Pero antes de hacer lo que está escrito en el décimo sexto capítulo de Marcos, debe cumplir los quince capítulos anteriores…”. Y hoy, cuando el hombre se acuerda de este hecho, imagina cuantos millones de brasileños estarían en el infierno, si él no hubiese tomado aquella decisión firme de obedecer solamente aquello que está escrito en la Palabra de Dios. A veces, estamos obligados a rebelarnos contra todo el sistema religioso, para entonces derribar la barrera que nos impide vivir la fe cristiana y pasarla a otras criaturas.
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