Vigilad, pues

El Diablo, en su primera embestida, sembró la incertidumbre en el corazón del hombre. La criatura dudó de la Palabra y su desobediencia dio origen a la primera y más terrible tragedia de la humanidad. “Maldita sea la tierra a causa de ti”, dijo el Señor. Por tanto, para los cristianos, importa proteger sus mentes y corazones para que satanás no venga a colmarnos de dudas e incertidumbres, porque va a llegar de pronto el día del Juicio para nosotros. Para los que creen con plenitud, el día de la presencia del Maestro será de júbilo, alegría y paz, pero, para los que vacilan en la fe, será la hora del temor, de la desesperación y del dolor. “Vigilad, pues, porque no sabéis el día ni la hora…” (Mateo 25:13).

El cristianismo no es un sistema de reglas, mandamientos, obligaciones, etc. El cristianismo es como la vida familiar, donde existe la cabeza de la familia coordinando todo el cuerpo del hogar para una provisión abundante de vida. Al contrario de lo que piensan las personas religiosas, el cristianismo es la vida en concordancia o en común con el Señor Jesús; es decir, hay una perfecta concordancia del cristiano con Cristo.

Cuando nosotros estamos formados por el Espíritu Santo, la fe es una vida vivida en comunión con el jefe de familia, que es Dios Padre.

Cuando estamos informados con respecto a la religión, incluso si se dice cristiana, aceptamos en la mente las obligaciones, los preceptos de la misma, y somos indirectamente obligados a practicarlas, por fuerza de aquello que aprendemos, y ahí entonces queda invalidado el amor a Dios sobre todas las cosas.

Esto ocurre cuando le damos a la religión una importancia superior a Dios.

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