La sensibilidad profunda del ser humano no es mala, sin embargo, necesita tener un autocontrol de sus emociones y analizar bien sus sentimientos para no ser engañado por su propio corazón. Es justamente en este aspecto que la palabra de Dios nos exhorta en cuanto a los peligros del corazón sin la dirección del Espíritu Santo. Por este motivo el discípulo del Espíritu Santo tiene que tener Su orientación continua, porque de lo contrario, con seguridad se perderá en medio de tantos engaños de este mundo.
La persona muchas veces es engañada por su fe emocional, y piensa que realmente es cristiana, sólo porque es diezmista, da ofrendas, fue bautizada en las aguas, frecuenta la Iglesia con asiduidad, etc. ¡No! ¡Nada de esto es suficiente para garantizar su salvación! ¡Muchas veces cambia sus hábitos antiguos por nuevos, pero su corazón continua igual! No hay otra manera, ¡la persona tiene que nacer de nuevo!, tiene que nacer del agua (Palabra) y del Espíritu Santo, lo que significa que tiene que tener una experiencia propia y real con el Señor Jesús, a través del Espíritu Santo.
Imaginemos ahora, cuando nuestro corazón es bombardeado constantemente, casi sin interrupción por las emociones provocadas por las artes mundanas, tales como: cine, televisión, música, teatro, literatura, etc., por los deportes: fútbol, baloncesto, tenis, etc. ¡Y finalmente por las religiones! ¡Lo que ese bombardeo no será capaz de hacer! Por eso mismo, el Señor Jesús dijo que del corazón proceden los malos designios, pues una vez que se reciben las emociones y sin darse cuenta, se toman actitudes en relación a ellas, sin percibir que, con toda seguridad hará fructificar todo el mal, no sólo en la propia vida, sino también en la de sus semejantes.
El corazón del hombre es el centro de sus sentimientos, de sus emociones y de su conciencia, por esta razón todo el cuidado que se tenga con él, será siempre mínimo.
Las personas se han entregado sin restricciones a los frutos de las emociones que brotan en el corazón de aquellos que componen música, pintan, hacen teatro, cine, y hasta incluso en el deporte, como en el caso del fútbol; en fin, todo aquello que actúa en los sentimientos del ser humano.
La sensibilidad del alma, es un don gratuito de Dios, para que Su criatura pueda usar todo su potencial de sentimientos y emociones para reconocerlo como Señor Todopoderoso de los cielos y de la tierra, y entonces glorificarlo, exaltarlo y magnificarlo de todo corazón.
Los sentimientos o las emociones tienen el poder de controlar y dirigir toda la vida del ser humano, también tienen la capacidad de que las personas vivan permanentemente en la ilusión o en la realidad y ciertamente produciendo sus frutos, sea para la muerte eterna o sea para la vida eterna, dependiendo del tipo de emoción por la que el hombre se deje llevar.
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