Belleza y paz

“Analizando al respecto del modelo de vida espiritual que la madre puede darles a los hijos, vemos que Noemí y Rut son dos ejemplos maravillosos. Noemí era suegra de Rut, y de ella oyó lo siguiente:

“…No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que viviereis, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tu murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Dios, y aún me añada, que solo la muerte hará separación entre nosotras dos.” Rut 1:16-17

La presencia de Dios en la vida de Noemí era contagiante, y Rut se sentía bien a su lado. Sus palabras ardían como fuego y su confianza en Dios era total. Rut pasó a creer en el Dios de Israel porque Noemí le transmitió vida, certeza y fe, fuego ardiendo en su corazón, aún delante de las dificultades.

Puedo hasta imaginar las horas que está suegra y su nuera pasaban juntas, hablando de las grandezas de Dios, de los milagros sucedidos en los días de sus padres…

De cómo Dios guiaba a Su pueblo por el desierto; del sustento con el maná que caía del cielo para alimentar a la multitud; del agua para saciar la sed y de la obediencia de los judíos en seguir el viaje cuando la nube se levantaba. (Éxodo 13 y 14).

Aún con la muerte de su marido y de los dos hijos, Noemí actuó su fe. Ella consintió que su nuera Rut, que lógicamente, era también viuda, venga a aproximarse a Booz, un hombre de Dios, que seguramente, iría a bendecirla.

Rut inmediatamente se propuso a trabajar en el campo, para que no falte el pan, demostrando ser una mujer sabia, trabajadora, dedicada, fiel, bondadosa y digna de su crédito.

Booz tuvo la confirmación de todo lo que el pueblo hablaba al respecto del proceder de Rut y de su cuidado por su suegra, que supo superar la soledad; y en la falta de su marido, sin tener cómo sustentarse, volvió a su tierra, actuando, así su fe en el Dios que conocía.

Rut escogió seguir a Noemí, diciendo que el pueblo de ella era su pueblo, porque reconoció que Dios andaba en medio de aquel pueblo, y que también quería servir a Aquel que había hecho a su suegra fuerte e indisponible en la fe.

Usted, amiga lectora, puede observar, al final del libro de Rut, que ella y Noemí fueron bendecidas porque permanecieron en la fe. Porque actuaron, Dios pudo defenderlas, guiarlas y honrarlas, pues Rut se casó con Booz, de quien tuvo un hijo, y de la generación de éste nació el Señor Jesús, el Salvador.

Querida amiga, que su familia y sus amigos puedan hablar lo mismo que Rut: “…tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.” (Rut 1:16). Y así, más y más vidas puedan ser alcanzadas para el Reino de Dios, a través de su ejemplo de vida y de victorias.

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