Compromiso en la fe

¿Cómo estamos reaccionando ante la fe?

Dependiendo de la situación, es natural que uno analice cualquier problema por el que esté pasando, pero solo porque esté analizando la situación no significa que deba entregarse al problema en lugar de actuar con fe. Cuando se habla de fe, no se está hablando de algo religioso, porque cualquiera puede seguir una tradición. La fe no es algo que se practica por costumbre; se vive cuando uno cree en lo que está escrito en la Palabra de Dios.

La Palabra nos enseña así: “Dijo entonces el Señor: Por cuanto este pueblo se me acerca con sus palabras y me honra con sus labios, pero aleja de mí su corazón, y su veneración hacia mí es solo una tradición aprendida de memoria” (Isaías 29:13).

A veces uno recibe la bendición, pero la pierde por la manera en que reacciona. La fe requiere un proceso, porque es la Palabra la que nos enseña cómo responder ante cualquier situación. En ocasiones, nuestras emociones intentan bloquear nuestra fe y empeorar la forma en que vemos el problema. Sin embargo, uno no debe entregarse a la emoción frente a la dificultad. Como dice el versículo, todos podemos orar por una solución, pero muchas veces esa oración puede parecer algo religioso o una señal de que nos estamos alejando de Dios. Solo porque uno lo busque en medio de un problema no significa que realmente lo esté buscando a Él con sinceridad. Cuando uno lo busca a Él con sinceridad, es porque desea tener una comunión. La fe verdadera debe ser definida, sin dudas.

La Palabra nos demuestra así: “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis estatutos y no los habéis guardado. Volved a mí y yo volveré a vosotros —dice el Señor de los ejércitos. Pero decís: «¿Cómo hemos de volver?». ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me estáis robando. Pero decís: «¿En qué te hemos robado?». En los diezmos y en las ofrendas” (Malaquías 3:7-8).

El versículo no está refiriéndose a dar dinero, porque cualquier persona puede hacerlo; está hablando de la fe práctica. El diezmo y la ofrenda son símbolos de comunión, y también una manera de poner la fe en práctica.

Para recibir de Él, uno debe tener una fe práctica. Es como el perdón que viene de Dios: es un mandamiento, no algo emocional. La Palabra nos enseña que, para ser perdonados, debemos perdonar, y eso es parte de la fe práctica.

Uno muestra su fe a través de la entrega, y eso es tener una fe práctica. Recuerde que la medida de fe de cada persona no es igual; todos tenemos diferentes niveles de fe. Por ejemplo, hay personas que asisten a la iglesia por años, pero no tienen entrega.

Una vez, había una mujer que asistía a la iglesia y se le preguntó: “¿Cuántos años ha asistido a la iglesia?” Ella respondió: “30 años.” Pero cuando se le preguntó si se había bautizado, contestó: “No.”

El ejemplo de esta mujer no se menciona para juzgar, sino para mostrar cómo alguien puede asistir a la iglesia por costumbre o religiosidad, y aun así no tener ningún tipo de entrega real. Imagínese: 30 años asistiendo a la iglesia sin haberse bautizado. Es decir, 30 años sin tener ni usar una fe práctica.

Cuando uno no usa la fe practica uno no está en Cristo y esto trae consecuencia. La Palabra nos alerta así: “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

Para la fe no existe la palabra “intentar”, porque el intento de hacer algo nunca produce fruto verdadero. Es como David cuando estuvo frente a Goliat: cuando lo vio, no intentó pegarle con la honda y la piedra, ¡lo hizo! David tenía fe en que lo iba a derrotar. Se repite: la fe, conforme a lo que uno cree, es segura y no deja espacio para la duda. Es como, por ejemplo, cuando uno se cae: uno tiene fe en que se va a levantar. Pero para que eso suceda, debe haber compromiso.

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