¿Será que su confianza es falsa?
Supongamos que su padre le dice: “Te voy a comprar ropa” o algo que usted desea. Estamos seguros de que, cuando entramos a la tienda, escogemos lo que queremos, porque nuestro padre va a pagar el precio, sea lo que sea, ya que es lo prometido. Al final, lo que uno recibe es el cumplimiento de la promesa.
Es ahí donde se abre el tema principal de hoy: que, después de que Jesús entregó Su vida por nuestros pecados, resucitó.
Por esa promesa, nosotros, que tenemos el Espíritu Santo y llevamos Su marca, resucitaremos también. Es decir, seremos salvos. Esa es la base principal de la fe bíblica.
Por eso la Biblia nos dice:
“hasta el día en que fue recibido arriba, después de que por el Espíritu Santo había dado instrucciones a los apóstoles que había escogido. A estos también, después de su padecimiento, se presentó vivo con muchas pruebas convincentes, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles de lo concerniente al reino de Dios” (Hechos 1:2-3).
Pero muchos, cuando piensan en Dios, solo piensan en la conquista y en tener una vida exitosa. ¿Y qué de su salvación?
¿Sabía que, así como hay salvación eterna, también hay perdición?
Si hay algo seguro es que no sabemos cuándo vamos a morir y que eventualmente moriremos. Muchos lo saben, pero no saben a dónde irá su alma, porque ignoran a Dios. Algunos creen que el miedo al infierno los salva, pero ese miedo no salva a nadie. Quien tiene el Espíritu Santo no teme a la muerte, porque sabe a dónde irá su alma. Y no malinterprete: no se está diciendo que uno va a buscar la muerte; se está hablando de confianza.
¿De qué tipo de confianza?
La Biblia dice:
“y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados” (1 Corintios 15:17).
De la confianza en que Él resucitó. La vida de uno no cambia cuando se tiene una fe falsa y solo se cree en Dios de manera superficial, si es que realmente creen. Y los que no creen en Su resurrección no reciben Su marca, el Espíritu Santo, porque se les ha olvidado que Él es el Espíritu de resurrección. Solo por Él uno será perdonado y salvo.
El Señor Jesús no vino para darnos cosas materiales, sino lo que está prometido: la salvación eterna a través del Espíritu Santo.

