¿Por qué no logramos nuestras metas?

¿Por qué la meta principal que nos proponemos no sale como queremos?

Nuestro cuerpo está hecho de varias partes con diferentes funciones, pero todas tienen una responsabilidad: ser útiles y servirnos.

Esto es tan profundo que, si pensamos por un momento en nuestras células, cuando no hacen lo que el cerebro manda, el cuerpo las rechaza y las elimina.

De la misma manera, nosotros, al igual que el cuerpo, tenemos una responsabilidad. Muchas veces, porque no entendemos esta responsabilidad, fallamos en nuestras metas, las cuales pueden llevarnos a la prosperidad.

También, cuando no cumplimos con nuestra responsabilidad, nos dividimos y perdemos el enfoque central.

Por eso la Biblia nos enseña de esta manera: “Porque de la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero todos somos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:4-5).

Y aquí es donde entra otro punto importante: ¿Por qué nuestras oraciones o nuestros ayunos no son contestados?

Porque uno se enfoca demasiado en los problemas externos. El ayuno y la oración no fueron hechos solo para resolver o solucionar problemas. Estas herramientas espirituales fueron dadas para tener una relación con Él.

Desafortunadamente, nosotros, como seres humanos, no pensamos así. Siempre queremos algo externo o resolver problemas exteriores.

Estos problemas externos nos vuelven egoístas y nos dividen, no solo en la fe, sino también de nuestros hermanos en la fe. La responsabilidad principal es ayudarnos unos a otros a permanecer salvos.

La manera en que lo ve Dios

¿Cuándo fue la última vez que uno ayunó u oró por alguien?

Jesús explicó este principio de esta manera:

“Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?” (Mateo 12:24-26).

Si hay algo que la Biblia nos enseña, es que uno debe ser sacerdote en su fe. Esto muchas veces también significa estar unido con aquellos que creen en Cristo Jesús de la misma forma que uno lo hace.

Es decir, uno tiene que estar unido con aquellos que tienen el Espíritu de Dios y siguen Sus pensamientos, teniendo a Cristo como cabeza.

Cuando el cuerpo de Cristo, que es lo que la iglesia representa, está dividido, es destruido o asolado. El Reino de Dios debe tener unión y no tiene espacio para el egoísmo. Es importante que nosotros sigamos ayudándonos constantemente unos a otros.

La meta central es siempre ser salvo para salvar a otros: permanecer en unión con la Palabra de Dios (la Biblia) y con aquellos que tienen la misma fe, y rechazar el espíritu de división.

Por eso, ore y ayune con el propósito de tener una relación con Dios; permita ser guiado. Siempre pida por sus hermanos en la fe, aunque alguna vez no haya estado de acuerdo con ellos.

Unidos somos más fuertes.

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