Practicar la Palabra de Dios

El Señor Jesús dijo: “Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción.”

Mateo 7:24-27

La verdadera sabiduría no está en conocer toda la Biblia, sino en practicar lo que se sabe de ella.

Las iglesias cristianas están repletas de personas llenas de conocimientos de la Sagrada Biblia, pero vacías de su práctica. Y todo indica que esas mismas personas creen que por el hecho de saber de las cosas de Dios es suficiente para librarlas en el día malo. Si eso fuera verdad, entonces el rey Salomón, que fue el hombre que más sabiduría recibió de Dios en la faz de la tierra, no habría caído en la desgracia de la idolatría, influyendo al pueblo de Israel contra Él.

La práctica de la palabra de Dios básicamente consiste en tres actitudes:

• Integridad y rectitud.

• Temor del Señor.

• Apartarse del mal.

Estas tres cualidades retratan el carácter del discípulo del Espíritu Santo, conforme al propio elogio de Dios a Job, delante de satanás, cuando dijo:

“¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.”

Job 1:8

Dios honró a Job, no por lo que él hacía en la tierra, sino por lo que él era, por su carácter, por su conducta. Es muy importante que examinemos nuestra vida en relación a Dios, esto es, verificar si lo que hacemos es más importante de lo que nosotros somos para Dios. Cuando un padre mira a su hijo, ¿qué es lo que el ve primero? ¿Qué hace o qué representa el hijo para el padre? Está claro que lo que él representa para el padre es mucho más importante. Así también es Dios, cuando Él nos ve, primero ve a Su Hijo redimido y, después, lo que ese hijo está haciendo. En otras palabras, para Dios lo más importante es nuestro carácter y después el trabajo o los frutos de este carácter.

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