Integridad y rectitud
La integridad y la rectitud revelan una conducta ejemplar delante de la sociedad en que vivimos; es un testimonio de vida que hace que las demás personas glorifiquen a Dios.
Cuando un joven va muy bien en la escuela, inmediatamente los profesores sienten curiosidad y quieren saber su origen o quiénes son sus padres. Hay interés en saber más de él y se despierta admiración por su inteligencia. De la misma forma sucede cuando la persona tiene una conducta íntegra y recta delante de las otras; hay admiración y simpatía en relación a ella, y en eso, Dios es glorificado.
La Biblia dice que los nuevos convertidos:
“…alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.” (Hechos 2:47)
Es decir: los nuevos convertidos tuvieron tal transformación de conducta, que todo el pueblo que los conocía pasaban a simpatizar con ellos, de manera que había más conversiones en razón de eso.
La verdad es que muchas personas cristianas están tan absortas en predicar el evangelio del Señor Jesús, que se olvidan de que la mayor predicación es el propio testimonio de vida que ellas dan a los demás.
El mundo no tiene oídos para las cosas de Dios, pero está con los ojos muy atentos a nuestras actividades, esperando ver alguna cosa equivocada en nosotros, para tener de qué acusarnos. Por tanto, nuestro testimonio, mostrando nuestra integridad y rectitud, es más importante que cualquier mensaje que podamos predicar.
El discípulo del Espíritu Santo debe preocuparse primero con su carácter íntegro y recto, y después, ¡sí! procurar transmitir la Palabra de Dios, hasta porque cuando el carácter del supuesto cristiano no es conveniente, su mensaje consiste sólo en letras; y como dice el apóstol Pablo:
“El cual también nos hizo suficientes como ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” (2 Corintios 3:6)
Continuará…
Libro: El Discípulo del Espíritu Santo.
Autor: Obispo Edir Macedo

