¿Qué ocurre al entrar al Reino?

¿Qué sucede cuando entramos al Reino de Dios?

Muchos no lo saben, pero hay dos tipos de reinos. Está el que hace sufrir a la persona y la domina con tristeza, angustia y depresión, oprimiéndola. Este reino malo dirige los pensamientos hacia lo negativo.

Pero el Reino de Dios no es así. Cuando creemos en el Señor Jesús y, como resultado, entramos al Reino de Dios, vivimos la promesa. Lo positivo empieza a manifestarse en nuestra vida.

Esto no significa que el mal no vaya a intentar entrar en la vida de uno, pero ya no podrá dominar, porque uno ha sido trasladado al Reino de Dios. Si uno cree que está en el Reino de Dios, ya no puede ser dominado por el mal.

Es decir, uno está en este mundo, pero no pertenece al sistema del mundo, porque está en Su Reino.

Jesús dejó esto muy claro en Su oración cuando dijo:

“Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16).

Lo que somos en el mundo

Muchos no son conscientes o tal vez les cuesta reconocerlo, pero mientras formamos parte del mundo, somos problemáticos. Y no es que uno quiera ser así.

Pero pregúntese: ¿Cuántas veces he sido el problema y no parte de la solución?

El mundo vive guiado por los deseos, la mentira y el orgullo, y se considera independiente de Dios.

¿Cómo es el Reino de Dios?

Quien pertenece a Su Reino vive de una manera distinta. Vive por la verdad, la justicia y la voluntad de Dios. Eso significa que es dependiente de Dios.

Cuando uno vive en Su Reino, es la solución y busca solucionar cualquier problema que surja. No permite que el mal entre ni tampoco se da por vencido. No se somete a lo natural, sino que vive lo sobrenatural.

Por eso, Jesús enseñó que nadie puede entrar al Reino de manera natural. Es necesario nacer de nuevo:

“En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

El Nuevo Nacimiento

El nuevo nacimiento no es emocional. No es solo asistir a la iglesia. No es solo tener conocimiento bíblico. Es una transformación interior: cuando el Espíritu Santo genera una nueva vida dentro de la persona.

Y no se confundan: el nuevo nacimiento no tiene nada que ver con tener miedo de ir al infierno. Es una decisión sincera de querer estar con Él por la eternidad.

Cuando uno es parte del Reino, no hay nada que lo pueda separar de la presencia de Dios.

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