¿Qué sucede después de reconocer un error?
Imagínese que usted está viviendo bajo la tiranía de un rey que constantemente lo hace sentir mal, lo obliga a vivir una vida que no quiere y, más que todo, lo hace sentir como un prisionero de su propio dominio. De muchas maneras, el pecado o los errores son así: son como un tirano que no nos permite seguir adelante. Nos recuerdan nuestro error a cada momento y nos acusan como si hubiera pasado ayer.
Pero en realidad ya pasó. Sea cual sea el error o pecado, ya pasó; y si uno reconoce que lo que hizo no estuvo bien, uno tiene el derecho de seguir adelante y cambiar esa parte de su vida.
Más que dejar un hábito o un sentimiento, uno tiene que tomar la decisión de dar el primer paso.
Por eso la Biblia nos enseña así:
“¿No sabéis que cuando os presentáis a alguno como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?” (Romanos 6:16).
El error o el pecado solo tiene dominio en su vida si uno se pone a su disposición o, mejor dicho, si uno le sigue haciendo caso. Aquí, en el versículo, la palabra “presentáis” es un sinónimo de la palabra “entrega”. Nosotros, por naturaleza, muchas veces seguimos obedeciendo el mal porque pensamos que no hay otra opción.
Pero el versículo nos demuestra que hay dos opciones: o uno sigue en lo que lo puede llevar a la muerte, o va por lo que le trae justicia a su vida.
Parte de reconocer que uno está viviendo dentro del pecado o del error es tener conciencia no solo de lo que hizo, sino también del camino que está siguiendo.
Aquí surge la pregunta:
¿Qué resultados quiere uno después de ser liberado?
Después de que uno reconoce su error, debe haber arrepentimiento, porque el Señor Jesús pagó el precio para que no viviéramos bajo una tiranía del pecado, donde no hay paz.
La Biblia afirma esto así:
“Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).
El resultado principal es la paz. Cuando uno reconoce y se da cuenta de que necesita arrepentirse, recibe la paz. Pero no es una paz momentánea; es una paz eterna que solo se puede recibir cuando uno está bien con Dios.
La justificación que viene después del arrepentimiento solo puede venir cuando uno está en Jesús; no puede haber otra manera.
.
Con todo esto dicho, les sugiero que tomen su decisión: reconozcan, arrepiéntanse y acérquense a Jesús, porque Él dio todo para que nosotros siempre fuéramos justificados a través de Su sangre, el sacrificio de la cruz.
No permita que esta liberación sea en vano. Él dio Su vida para que usted viva en una paz perfecta y gloriosa.

