Su corazón estaba lleno de un odio que no podía controlar

Era una persona rebelde que no lograba conectarse con su familia.

La tristeza y el pánico le habían generado una profunda depresión a Aylen Arrieta, su corazón estaba lleno de un odio que no podía controlar. La ausencia de su padre la había frustrado, convirtiéndola en una persona rebelde que no lograba conectarse con su familia. Un día Aylen huyó de su casa buscando conseguir la armonía que no había en su hogar.

Decidió empezar a vivir con la pareja que tenía en ese momento pensando que de esta manera huiría de todos esos tormentos que ya venía arrastrando. Pero la felicidad no llegó, la persona con la que estaba no lograba llenar ese vacío y calmar ese dolor que la consumía.

Su mamá, al ver el estado en que ella se encontraba, decidió acompañarla a la Iglesia Universal, pero su confusión la hizo dudar y no se entregó del todo a Dios, aunque asistía no manifestaba importancia hacia su fe.

Tras experimentar en una nueva relación con otra persona Aylen sintió que en esa oportunidad ya había tocado fondo. El maltrato que recibía le había hecho perder el respeto hacia si misma. Ya no se valorizaba como persona, estaba ahogada en tormentos que convertían sus noches en una odisea.

Aylen Arrieta se brindó una nueva oportunidad y pidió ayuda a Dios, la verdadera ayuda con la que podría ver cambios en su vida. Una vez de vuelta en la casa de Dios se dio una oportunidad participando en el Ayuno de Daniel, haciéndole énfasis al Señor en que deseaba ser feliz.

A través del tiempo y gracias a su constante labor y trabajo para recibir la bendición del Espíritu Santo logró perdonarse así misma por haberle dado la espalda a Dios y pudo volver a valorarse como persona.

Testimonio Aylen Arrieta.

Compartir: