Todas las cosas son posibles para el que cree

Mientras el Señor Jesús caminaba de aldea en aldea, en Israel, no solamente los enfermos eran curados, sino que también las personas cautivas por espíritus inmundos eran completamente liberadas. Si había dudas entre los judíos sobre si Jesús era Quien decía ser, Satanás sabía bien que Él era el Hijo de Dios, y, por eso, se inclinaba; a fin de cuentas, entendía que no podía ni puede permanecer de pie delante de Él.

Y siempre que los espíritus inmundos Le veían, caían delante de Él y gritaban, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.

Marcos 3:11

Los discípulos, en el desempeño de la misión de evangelizar, expulsaron también muchos demonios de las personas, pues no bastaba solo con predicarles las Buenas Nuevas, era necesario mostrarles las señales del poder de Dios. Aquellos que estaban afligidos por la acción de los espíritus malignos eran liberados inmediatamente, porque el Reino de Dios es completo. Por lo tanto, cuando el Reino nos alcanza, nos tornamos favorecidos en todas las áreas de la vida, principalmente en aquellas en las que Satanás más nos alcanzó.

Los casos de posesión maligna eran y son abundantes, pero citaremos uno más para dilucidar aún más la forma como el diablo puede actuar en la vida de las personas, incluso en la de un niño. Las Sagradas Escrituras revelan la posesión de un muchacho que comenzó a sufrir ataques demoníacos desde su infancia. Vea:

(…) Maestro, Te traje a mi hijo que tiene un espíritu mudo, y siempre que se apodera de él, lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes y se va consumiendo. Y dije a Tus discípulos que lo expulsaran, pero no pudieron. Respondiéndoles Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? ¡Traédmelo! Y Se lo trajeron. Y cuando el espíritu vio a Jesús, al instante sacudió con violencia al muchacho, y este, cayendo a tierra, se revolcaba echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él respondió: Desde su niñez. Y muchas veces lo ha echado en el fuego y también en el agua para destruirlo. Pero si Tú puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos. Jesús le dijo: «¿Cómo si Tú puedes?». Todas las cosas son posibles para el que cree. Al instante el padre del muchacho gritó y dijo: Creo; ayúdame en mi incredulidad. Cuando Jesús vio que se agolpaba una multitud, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, Yo te ordeno: Sal de él y no vuelvas a entrar en él. Y después de gritar y de sacudirlo con terribles convulsiones, salió: y el muchacho quedó como muerto, tanto, que la mayoría de ellos decían: ¡Está muerto! Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y él se puso en pie.

Marcos 9:17-27

Vemos aquí la desesperación de un padre que estaba impotente delante de una “enfermedad” que, día y noche, hacía que su único hijo se consumiera. Además de interrumpir el habla y la audición del joven, ese demonio provocaba convulsiones y colocaba su vida en riesgo, lanzándolo a veces al fuego y a veces al agua, para matarlo.

Después de años de lucha para solucionar el problema, aquel padre recurrió a la última instancia: el Señor Jesús. Cuando el muchacho estuvo delante de Él, tuvo un nuevo y violento ataque porque, a partir de aquel momento, el mal sabía que se acercaba el fin del cautiverio en el que él era el cruel atormentador. Así, reunió todas sus fuerzas para intentar matar a aquel joven.

La furia de ese espíritu maligno se asemeja a la ira que Satanás tuvo cuando cayó del Cielo, al ser expulsado por Dios. Él y todos sus demonios nutren continuamente ese odio; por eso, quieren alcanzar al ser humano, la razón del amor de Dios. Para eso, llegan cada vez más temprano a la vida de las personas, muchas veces, desde el vientre de sus madres, provocando destrucción y pavor.

Frente a ese cuadro, pienso en el dolor que nuestro Señor sintió al ver a aquel muchacho, creado a imagen y semejanza de Dios, lanzado al suelo, en total estado de miseria, humillación y dolor. Pero todo ese sufrimiento tuvo un fin cuando aquel espíritu maligno, que parecía ser tan resistente y dominador, perdió su fuerza delante del Hijo de Dios.

Vea cómo era algo completamente espiritual: el muchacho sufría de sordera causada por un demonio, pero oyó perfectamente la Voz del Señor Jesús, que ordenó la salida completa del mal que atormentaba su vida: “Espíritu mudo y sordo, Yo te ordeno: Sal de él y no vuelvas a entrar en él”.

Así como el Señor Jesús ordenó, se hizo, y aquel joven se levantó del suelo completamente curado y liberado del mal. Entonces, por más que Satanás sea audaz, sagaz y persistente, Jesús es infinitamente mayor para librarnos de sus garras. ¡Absolutamente nada ni nadie puede resistir a Su poder!

Aquellos que suponen que Satanás disminuyó su acción, que ya no influencia tanto a las personas y que no toma posesión de sus cuerpos para destruirlas tienen mucho que aprender con estas enseñanzas. Porque el diablo no cambió, sino que continúa siendo el acusador, el difamador y el enemigo de Dios y de nuestras almas. Por eso, el Señor Jesús Se empeñó en mostrar no solamente la existencia de Satanás, sino, sobre todo, la forma organizada como este actúa para alcanzar sus objetivos.

Mensaje substraído de: Cómo Vencer Sus Guerras por la Fe (autor: Obispo Edir Macedo)

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