Antes de que lea este artículo, quiero que entienda esto: infelizmente hay muchas personas que, a lo largo de los años, solo pasaron por la iglesia, conocieron la Palabra y se fueron o cayeron. Pero, si todas esas personas que a lo largo de los años hubieran permanecido, las iglesias donde usted está serían muy pequeñas.
Pero, ¿por qué motivo no permanecieron?
Ustedes necesitan entender que el Señor Jesús dice que, en el día del juicio, cuando nos presentemos ante Él, muchos van a oír lo siguiente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí…” (Mateo 7:23)! Pero, según la Palabra, se está hablando de personas que decían o dicen que tuvieron una experiencia con Él. Si uno lee y medita en Mateo 7:15-23, se dará cuenta de que se está hablando de personas que tuvieron experiencias con los dones del Espíritu Santo. Pero la realidad es que este tipo de personas nunca tuvo la verdadera experiencia con Él, la experiencia del Nuevo Nacimiento y la del bautismo con el Espíritu Santo, la que hace que la persona dé fruto bueno, el fruto que hace que uno permanezca para la vida eterna.
Pero, ¿por qué motivo nunca tuvieron esta experiencia?
Muchas personas no han tenido la experiencia porque Dios mismo solo les ha dado la oportunidad. Todos nosotros que asistimos a la iglesia, incluyendo los que vienen por primera vez, el que nos trajo es el Espíritu Santo. Uno no vino a la iglesia por voluntad propia. Usted asistió a la iglesia porque Dios lo tocó o usó a alguien para que usted asistiera.
Pero, ¿por qué Él nos trae a la iglesia?
Porque Él quiere la salvación para nuestra alma.
¿Cómo se obtiene la salvación del alma?
La Palabra de Dios nos orienta así: “Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no solo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia—, lleven a cabo su salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12). Según la Palabra, el temor se refiere a que uno tiene que tratar su salvación con respeto y reverencia a la Palabra. Pero, cuando la Palabra habla del temblor, está hablando de que uno no debe tratar la salvación como algo cualquiera porque Él está hablando de salvación eterna, nuestra eternidad con Él. Uno tiene que entender que Él está hablando de algo real. Lo más importante que uno debe entender es que Él no está hablando de algo que solo va a durar 20, 70, 80, 100, 120 años, no. Él está hablando de la eternidad.
Pero, ¿cuántas personas realmente tuvieron una experiencia y recibieron la vida eterna?
Porque cuando la persona ha tenido la verdadera experiencia de la salvación, que es la vida eterna con Él, la persona valora la vida eterna por encima de todo y de todos. La persona que valora, venga lo que venga, suceda lo que suceda, sea cual sea la tentación o aprobación, persecución o injusticia, tribulación, sea cual sea el problema, la persona cuando realmente valora y tuvo la experiencia de la salvación o el Nuevo Nacimiento, ella prioriza por encima de todo su salvación.
¿Cómo se sabe que valorar la salvación es así?
La Palabra de Dios nos guía así: “Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer…” (Filipenses 2:13). Uno tiene que querer su salvación tanto como la realización de su salvación. En otras palabras, uno tiene que demostrar que valora su salvación o su transformación con los actos de fe que Él nos enseñó. Porque aquel que nos salvó nos da la condición necesaria para que nos mantengamos salvos. Es más, Él sabe que nosotros, por nuestra voluntad y querer solos, no podemos mantenernos; es imposible, y es por esto mismo que Él nos da la condición de hacer lo bueno. Si la salvación dependiera de nosotros, estaríamos perdidos. Pero usted necesita entender claramente la diferencia entre la condición que Él nos da y la condición limitada que es humana. Lea esta parte con bastante atención para que usted se evalúe a sí mismo y su condición espiritual, para ver si realmente ha tenido esta experiencia y está realmente siguiendo y viviendo en la fe. Porque Él dice: “Pues Dios es quien produce…” En otras palabras, Él es el que opera dentro de nosotros y sigue operando hasta el final cuando uno lo valora, sobre todo.
Pero, ¿cómo sé que el Espíritu Santo está operando en mí esta salvación?
Porque cuando éramos incrédulos no orábamos. En la vida que teníamos antes, no teníamos esta disposición de orar, de ayunar o de meditar todos los días en Su Palabra. Es más, si usted encuentra a alguien que está en la iglesia, sea cual sea su posición, sea obispo, pastor u obrero, al fin no importa la posición que tenga, y la persona no tiene la disposición de orar, ayunar o meditar todos los días en la Palabra, significa que esta persona todavía no ha tenido una transformación. Este tipo de persona no está salva y por un motivo u otro no ha tenido la operación que transforma.
Porque cuando éramos incrédulos no orábamos. En la vida que teníamos antes, no teníamos esta disposición de orar, de ayunar o de meditar todos los días en Su Palabra. Es más, si usted encuentra a alguien que está en la iglesia, sea cual sea su posición, sea obispo, pastor u obrero, al fin no importa la posición que tenga, y la persona no tiene la disposición de orar, ayunar o meditar todos los días en la Palabra, significa que esta persona todavía no ha tenido una transformación. Este tipo de persona no está salva y por un motivo u otro no ha tenido la operación que transforma.
La operación con el Espíritu Santo.
Uno tiene que entender que no solo es importante ser bautizado con el Espíritu Santo, uno tiene que también tener comunión con Él. Porque la Palabra dice: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes” (2 Corintios 13:14). En otras palabras, la comunión con el Espíritu Santo depende de uno mismo. Todo salvo es incitado y motivado por el propio Espíritu Santo a buscar la comunión y tener comunión con el Espíritu Santo, porque es eso lo que nos hace permanecer en la fe.
Pero, estas son las preguntas clave:
- ¿Por qué mucha gente no ha tenido esta comunión?
- ¿Por qué no hay esta operación del Espíritu Santo en la vida espiritual de mucha gente?
- ¿Por qué han perdido esta comunión con Él?
Porque uno enfocó su fe en la solución de sus problemas.
Se pierde la comunión o nunca se recibe porque se priorizó su fe en su vida sentimental, económica, familiar y hasta su salud. Pero, la fe que el Espíritu Santo nos dio no es para resolver problemas, grabe eso profundamente en su mente. La fe que el Espíritu Santo nos dio es para enfocar la fe en Sus promesas, mandamientos y preceptos.

