¿Será que uno ya hace parte del cuerpo de Cristo?
No todo el que pertenece a una iglesia vive como parte del cuerpo de Cristo. Cuando uno es miembro de una iglesia, forma parte de la estructura humana que existe para quienes creen en Dios. Pero solo porque uno obedezca o quiera pertenecer a una religión no significa que sea parte de la iglesia espiritual. En otras palabras, ser parte de una estructura humana no significa ser parte del cuerpo espiritual de Cristo Jesús.
Pero, ¿cómo podemos saber si somos parte del cuerpo de Jesús?
Todo comienza cuando uno ve a Jesús como la cabeza de su vida y de su corazón. Cuando uno forma parte del cuerpo de Cristo Jesús, es movido por Sus pensamientos, que son los de Dios. No se preocupa por lo material y tiene el deseo de salvar a otros de la misma manera en que uno fue salvado.
Por eso la Biblia nos enseña así: “Estimado Teófilo, en el primer volumen de este libro escribí acerca de todo lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar hasta el día en que se despidió de los apóstoles, a quienes había escogido por medio del Espíritu Santo, y fue llevado al cielo. Después de su muerte, se les presentó vivo en muchas ocasiones durante un período de cuarenta días. En encuentros cara a cara, les habló acerca de las cosas relacionadas con el Reino de Dios.
Mientras se reunían y compartían comidas, les ordenó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre, ‘la promesa que oyeron de mí. Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo, y será pronto’.
Cuando estuvieron juntos por última vez, le preguntaron:
—Maestro, ¿vas a restaurar ahora el reino a Israel? ¿Es este el tiempo?
Él les respondió:
—No les corresponde a ustedes saber los tiempos ni las fechas. Eso le compete al Padre. Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:3–8).
Aquí, la Biblia está hablando de los cuarenta días después de la resurrección de Cristo y antes de Su ascensión. Él les estaba dando a Sus discípulos instrucciones sobre dónde esperar para recibir lo prometido: ser bautizados con el Espíritu Santo. Es en el cuestionamiento de los discípulos donde vemos la diferencia entre ser parte de Cristo y hacer las cosas desde una estructura humana. Los discípulos estaban más preocupados por restaurar el reino a Israel (estructura humana) que por la unción del Espíritu Santo.
Es ahí donde se destaca la pregunta: ¿Será que uno es testigo de Jesús?
Ser testigo de Jesús es aquel que refleja, por su transformación, que lleva la marca de Él. Pero, más que todo, es aquel que forma parte de Su cuerpo. No se está hablando solo de tener un buen carácter, sino de tener Su carácter. Porque hay personas que nosotros consideramos malas por las cosas que hacen, pero que pueden ser rectas en su carácter hacia la gente.
Ser testigo de Jesús es aquel que niega el brillo de este mundo, se niega a sí mismo y, en ocasiones, incluso deja de lado su propia razón humana para hacer la voluntad de Dios. Es salvar y no descuidar las almas, y no poner en riesgo su propia salvación.
Tenemos que sacrificarnos para estar con Él para siempre y recibir el Espíritu Santo.

