¿Reconocemos nuestros errores?
Para muchos, la meta de la vida es obtener lo “imposible”, aquello que nos agrada al solo verlo o tocarlo, y que nos hace vivir una vida cómoda. Pero no solo se está hablando de dinero, sino de que el ser humano es atraído por sensaciones momentáneas. Y cuando el ser humano prueba esta sensación, la busca, se sacrifica y hasta pasa por encima de cualquier cosa o persona para obtenerla, sin importar si fue correcto o no.
Pero aquí está lo más interesante de esta situación: aunque la busquemos y la obtengamos miles de veces, nunca nos satisface. Siempre, mientras nos aferremos a lo momentáneo, caminaremos con un vacío sin poder explicar por qué.
Hay gente a la que ese vacío la deprime; a otras las hace sentirse solas e insuficientes; a algunas las lleva a entregarse a los vicios. Es decir, este vacío nos envuelve en errores.
Errores que uno tal vez hasta llegue a decir que no tienen regreso.
Por eso la Biblia nos enseña así:
“Porque después de desviarme, me arrepentí; y después de darme cuenta, golpeé mi muslo. Fui avergonzado y también afrentado, porque he llevado el oprobio de mi juventud” (Jeremías 31:19).
La pregunta es: ¿Cómo reconocer nuestros errores y superarnos?
Primer paso: arrepentimiento. Esta es la clave principal para abrir la puerta de la salvación, la que nos bendice en todos los aspectos de la vida.
Pero nosotros no debemos arrepentirnos porque queremos cosas materiales, soluciones o bendiciones momentáneas. El arrepentimiento es porque uno ha reconocido que ha estado viviendo en el pecado (errores) y tiene un vacío que solo puede llenarse con el Espíritu Santo (Dios dentro de uno).
Segundo paso: tenemos que aprender a valorarnos, porque el Señor Dios nos valora mucho. Mientras estemos con Él, no nos tratará como cualquier cosa. Él nos enseña que tenemos un gran valor por medio de la obediencia, viviendo una vida de oración, escuchando Su Palabra y meditando en ella.
Tercer paso: insistir por su alma.
¿Qué significa insistir por su alma?
Para esto, uno tiene que negarse a sí mismo. Cuando uno niega sus propios planes para hacer los de Él, demuestra que quiere ser apartado, que quiere caminar en los caminos de Jesús, que son los de santificación.
El tercer paso se alinea con el segundo, porque uno se niega a sí mismo a través de la obediencia. La única diferencia es que aquí uno busca más la justicia de Dios, que es la salvación y cuidarla.
Todos estos pasos se tratan de ENTREGA. Uno se entrega a través del arrepentimiento, para que haya perdón y, por consecuencia, salvación.
Es así como uno reconoce sus errores, pero nadie puede tomar esta decisión por uno, porque es uno quien debe tomarla.

