¿Acusar o convencer?

¿Será que confundimos la diferencia entre acusar y convencer?

Para vivir en cualquier sociedad, uno tiene que seguir y respetar las reglas o las leyes para no ser arrestado ni meterse en problemas. Si alguien nos visita en nuestra casa, es porque tuvimos confianza en que esa persona iba a seguir las reglas y respetarlas.

Uno no va a permitir que cualquier persona entre a su casa, especialmente si no la conoce. Uno tiene que conocer a la persona antes de que entre a su espacio personal.

La fe es igual.  Por eso, la Biblia nos enseña así:

“Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Muchos, cuando escuchan hablar de pecado, justicia y juicio, piensan que los están acusando. Pero no es así; nadie está acusando a uno de nada.

Algo que se nos olvida es que Dios nos está invitando a Su Casa, a Su Reino y a recibir el Espíritu Santo, que es la marca para entrar.

Lo de Dios no es una sociedad cualquiera; para entrar, uno tiene que vivir en esta vida con rectitud. Por eso, la Biblia nos enseña que es imposible que alguien entre en el Reino de Dios sin la ACCIÓN del Espíritu Santo. Porque nuestras ACCIONES en esta vida determinarán si entramos en Su Reino o no.

Pero ¿cómo podemos recibir esa marca de salvación, o mejor dicho, qué nos convence a querer la salvación?

La Biblia nos dice así:

“Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Corintios 7:10).

Su tristeza nos convence.

Una cosa que tenemos que descubrir es que el objetivo del mal es que no nos entreguemos, que no tengamos fe y que perdamos la esperanza. El mal solo quiere lo malo y usa cualquier cosa para apoderarse de nuestra alma y, como resultado, que suframos muerte.

La tristeza que viene de Dios es tomar conciencia de lo bueno que Él quiere para nosotros y darnos cuenta de lo que el mal quiere. El Señor quiere que tengamos vida eterna, mientras que el mal solo quiere muerte e infierno.

¿Por qué tristeza?

Porque la tristeza que sentimos al pensar hacia dónde irá nuestra alma es lo que nos convence de arrepentirnos.

Y cuando nos arrepentimos, es cuando Dios sabe que nos convenció, que tenemos conciencia del mal y que queremos ser limpiados constantemente de los pecados (errores). Es ahí donde recibimos la salvación, que es el Espíritu Santo dentro de nosotros.

El Señor no nos acusa; nos convence, nos advierte y nos da conciencia de nuestra condición espiritual, pero no nos acusa.

El Señor solo quiere que seamos salvos, que tengamos vida eterna y lo mejor.

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