¿Cómo podemos saber qué tipo de hijos somos?
Por lo general hay dos tipos de rasgos que un hijo puede tener. Está el hijo que obedece las reglas de la casa, le hace caso a los consejos de sus padres y, por lo general, nunca da problemas debido a la honestidad y la comunión que tiene con ellos.
Pero también está el hijo necio, aquel que es rebelde. Este tipo de hijo siempre va en contra de todo lo que dicen sus padres y muchas veces solo hace las cosas por conveniencia. La honestidad y este tipo de hijo son muy distintos.
La Biblia nos enseña cómo podemos identificar qué tipo de hijos somos de esta manera:
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios” (Romanos 8:14).
¿Qué significa ser guiados?
Ahí está el primer paso para saber qué tipo de hijo es uno. Cuando uno es hijo de Dios, se permite ser guiado. La Biblia, que es la Palabra de Dios Padre, es la manera en que Él habla a Sus hijos y los guía.
Parte de ser guiado es descubrir que la Biblia no es solo un libro de información o de consejos, porque eso sería ver las cosas de manera natural. La Biblia es una Palabra de edificación del Padre que alimenta nuestro espíritu en Él. También es algo que debemos obedecer para ser reconocidos como Sus hijos.
En la Biblia vemos ejemplos de diferentes tipos de hijos que debemos ser y que no.
Ejemplo negativo
El Hijo Rebelde
Rechaza la orientación y vive según sus propias reglas.
Características
- Resiste la autoridad
- Rechaza la corrección
- Cree que sabe más que los demás
Proverbios 15:5
El ejemplo que debemos seguir
El Hijo de Dios
Reconoce a Dios como su Padre y procura vivir conforme a Su voluntad.
Características
- Busca agradar a Dios en sus decisiones
- Practica la obediencia y la fe
- Refleja amor, humildad y misericordia hacia los demás
Juan 1:12
Pregunta clave:
¿Cuántas veces usted ha consultado al Señor antes de tomar una decisión?
Honestamente, muchos de nosotros somos descuidados y orgullosos. No nos gusta escuchar consejos, y mucho menos hacer la voluntad de Dios. Esto se ve en nuestro comportamiento con nuestros padres. ¿Cuántas veces su padre trató de decirle algo y uno respondía “sí” u “ok”, pero renegando? Pero cuando nosotros queríamos algo, hasta nos portábamos mejor solo para que nos dieran aquello que queríamos.
Este tipo de comportamiento también lo tenemos con Dios. Por ejemplo, uno dice: “Me voy a vestir como yo quiero porque a mí me gusta”. Pero aquí está el detalle: uno tiene que pensar si le agradará a Dios cómo se está vistiendo.
Todas nuestras acciones siempre tienen que llevar este pensamiento:
“¿Será que esto agrada a Dios Padre?”
Porque es ahí donde uno demuestra ser hijo de Dios y que se identifica con Él.

