Carta a la Iglesia de Pérgamo (Parte 2)

La figura de Balaam aparece en la historia del pueblo de Israel cuando éste atravesaba el desierto viniendo del Egipto en dirección a la Tierra Prometida. En aquella oportunidad el pueblo de Israel acampó en las campiñas de Moab, más allá del Jordán, a la altura de Jericó. Y Balaque, rey de los moabitas, tuvo miedo del pueblo de Dios y entonces pidió que Balaam que le apoyase para maldecir Israel, a cambio de oro y plata. Pero Balaam, por orden de Dios, fue obligado a bendecir a Israel, y lo hizo por tres veces consecutivas. Y, probablemente para no perder de todo la oportunidad de ganar de Balaque algún oro, él aconsejó cómo debía hacer para destruir el pueblo de Israel: enviar sus mujeres en medio de los hijos de Israel y a través de ellas pervertir el corazón de ellos contra Dios, y así enflaquecerlos, porque Balaam sabía que una vez el pueblo estando en pecado su fe daría lugar a las dudas y entonces enflaquecido espiritualmente él sería fácilmente derrotado delante de sus enemigos

La crítica del ángel de la iglesia de Pérgamo se debe al hecho de que había algunos maestros que sustentaban la doctrina de Balaam, es decir: aconsejaban a los cristianos a comer cosas sacrificadas a los ídolos y practicar la prostitución o los mismos vicios sexuales del culto pagano. Naturalmente eso agradaba a aquellos que formaban parte del cuerpo de miembros de la iglesia pero no del cuerpo del Señor Jesucristo. Son el joio en medio del trigo, mensajeros de Satanás, convencidos hasta el alma, sin embargo, nunca convertidos al Señor. Son más peligrosos que aquellos que públicamente se manifiestan como enemigos de la cruz del Señor. Muchos de ellos son tolerados y hasta incluso honrados en muchas denominaciones solo porque participaban en las ofrendas con cuantías generosas. Desgraciadamente son estos los que han amarrado la obra del Señor en este mundo y que más allá de no entrar en el Reino de Dios aún procuran barrer a aquellos que quieren entrar. El profeta Asafe oró: «Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; han profanado tu santo templo; redujeron a Jerusalén a escombros» (Salmos 79:1). Estas naciones pueden simbolizar los espíritus inmundos y engañadores que han usado algunos maestros de dentro de las iglesias para procurar contaminar toda la congregación con toda suerte de doctrinas falsas, por eso es muy importante que todo y cualquier cristiano confiara con la Biblia Sagrada todas las enseñanzas recibidas por fuera quien fuese, pues la única forma de nosotros mantener inmunes a los engaños doctrinarios inspirados por los espíritus engañadores es estar siempre actualizado con la Palabra de Dios.

Continuará…

Si le interesa lea también: Carta a la Iglesia de Pérgamo (Parte 1)

Libro: Estudio del Apocalipsis Vol 1
Autor: Obispo Edir Macedo

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