El don del arrepentimiento

Cuando nosotros recibimos la revelación del Espíritu Santo, a través de Su Palabra, nuestra vida es transformada primeramente en nuestro interior para después mostrarse en nuestro exterior. Mientras no se recibe la revelación de Dios, la persona enfoca su fe en solo resolver problemas temporales, pero la fe revelada se enfoca en lo eterno, como es la salvación de nuestra alma.

El Señor Jesús nos enseña que primero busquemos el reino de Dios y su justicia. Lo primero que tenemos que priorizar es la salvación de nuestra alma, pero, infelizmente, son muchas las personas que aún no son salvas porque no han tenido una verdadera experiencia con el Señor Jesús.

Mensaje 14 de enero, 2024

En la Palabra de Dios está escrito: “Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados”. Mateo 5:4. La palabra ‘bienaventurado’ significa feliz. Puede que se haga la cuestión de cómo es que una persona que llora puede ser feliz. Regularmente cuando alguien llora es porque está triste, porque surgió un problema familiar, sentimental, financiero… Las personas que viven llorando a causa de sus problemas, son quienes aún no han tenido la experiencia de llorar este lloro que se menciona. Lo que la biblia se refiere son a aquellos que lloran porque se dan cuenta, a través de la Palabra de Dios, que son pecadores y que la razón de sus fracasos, frustraciones, vacío y el dolor que cargan en su interior es por causa del pecado.

El diablo ha trabajado arduamente a través del engaño para que el ser humano no considere su pecado. Mientras una persona no reconozca sus pecados, no puede recibir el don del arrepentimiento. Existen personas que, por causa del sufrimiento que han vivido, piensan que tienen motivos para no arrepentirse de sus pecados, ya que lo que padecieron las llevaron también a pecar. Pero, por más motivos que se tengan, nada puede justificar el pecado.

El arrepentimiento no es nuestro, sino viene del Espíritu Santo. La decisión que debemos tomar para que recibamos el don del arrepentimiento es la conversión. La conversión es cambiar de dirección, escuchar la Palabra de Dios, convertirse de los malos caminos, abandonar sus pecados y decidir, a partir de ese momento, caminar en la Presencia de Él, que es obedeciendo Su Palabra, es en ese instante que uno recibe el don del arrepentimiento. Por lo consiguiente, uno recibe la revelación de la salvación que hay en el Señor Jesucristo porque Él dio la vida por nosotros.

Mensaje 14 de enero, 2024

Fueron nuestros pecados que llevaron al Señor Jesús a que lo colgarán en la cruz. Las religiones aun discuten quien mató a Jesús, pero Él dio la vida por nosotros para redimir nuestros pecados. Si una persona no reconoce lo mencionado anteriormente, ella no puede recibir el don del arrepentimiento y mientras no haya el ‘lloro’, que habla la Palabra de Dios, no hay consolación, lo que significa que no habrá la alegría del Espíritu Santo.  La alegría de este mundo es temporal, pero la alegría del Espíritu Santo es permanente.

El pecado nos separa de Dios y el salario del pecado es la muerte, es la separación eterna de Dios y vivir eternamente en la presencia del diablo, donde es un lugar de dolor constante. Pero, quien está dispuesto a buscar este don del arrepentimiento, Dios dice en Su Palabra a través del apóstol Juan: “Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, Abogado tenemos delante del Padre, a Jesús el Cristo Justo…”. 1 Juan 2:1. Esta palabra está dirigida a los hijos de Dios que han luchado para vivir una vida en obediencia a la Palabra de Dios. Él está hablando que ellos tienen el poder para vencer el pecado.

La mayor victoria que se puede lograr no son las victorias que se obtienen en cualquier aspecto de nuestra vida, sino la mayor victoria es la victoria que se obtiene en contra del pecado. Donde existe el pecado hay fracaso y derrota, por el cual es necesario reflexionar sobre eso. Todo es diferente cuando se tiene el Espíritu Santo porque Él nos da el poder para vencer cualquier clase de pecado y cualquier problema.

En cualquier clase de pecado siempre hay una consecuencia, pero lo más delicado es que si una persona peca y, en ese momento muere, ella no será salva. El pecado no es un juego y no se puede considerar como un mal pensamiento, mal hábito o un sentimiento malo. Recordemos que fueron nuestros pecados que pusieron al Señor Jesús en la Cruz, pero a causa de que Él dio la vida por nosotros, hoy tenemos la oportunidad de la salvación.

Mensaje 14 de enero, 2024

El Espíritu Santo presenta al Señor Jesús como el abogado porque, espiritualmente ante Dios, mientras no se tiene una experiencia con el Señor Jesús, se está condenado por los delitos y pecados que se han cometido. Todo cambia cuando la persona se convierte al Señor Jesús porque Él está junto al Padre que es Dios y tiene el poder para ser nuestro abogado delante de Él. El Señor Jesús intercede por nosotros ante el Padre mostrando nuestro verdadero arrepentimiento en ese momento. Él nos limpia de todo pecado, haciéndonos recordar lo que Él hizo en la cruz por nosotros.

Si usted quiere que el Señor Jesús sea su abogado, considere y analice primero su condición espiritual, y si usted reconoce que es un pecador y que sólo Él le puede ayudar, vendrá sobre usted el don del arrepentimiento y usted tendrá al mayor defensor de su vida que es el Señor Jesús.

Dios les bendiga.

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