Jesús: Señor y Salvador

Muchas personas en este mundo han edificado su vida sobre la arena, incluso y peor aún, aquellos que son conocedores de la Palabra de Dios.  Aun sabiendo que han sido incluidos en los planes de Él, estos planes no se llegan a concretizar en su vida. Sin embargo, para que los planes y propósitos de Dios se cumplan en su vida, tiene que construir su vida sobre la roca (Jesús). Esto será posible a través de la fe verdadera que no es una fe cualquiera, sino una fe sacrificial.

Servir y seguir al Señor Jesús no es fácil ya que no se puede vivir al modo o manera de la persona, sino como Su Palabra orienta. Este es el motivo de la necesidad de meditar todos los días sobre la Palabra. El escuchar la Palabra en la iglesia no basta ya que es importante meditar en ella. No existe excusa o motivo que justifique el no meditar en la Palabra todos los días, incluso porque existen varios recursos para que todos puedan leer y meditar en las Sagradas Escrituras y saber cuál es la voluntad de Dios.

Incluso, aquellos que sirven y siguen a Dios tienen la conciencia sobre la importancia de congregarse en la iglesia. Aunque los servicios de fe son transmitidos en la televisión y radio, no se compara en estar en persona en la iglesia ya que es un lugar propicio para estar totalmente concentrado en la Palabra. Es importante entender que lo que es transmitido en la radio y televisión es meramente información, sin embargo la Palabra que recibimos en la Casa de Dios trae revelación ya que proviene del altar.

“Pasado el día de reposo, María Magdalena, María, la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle” (Marcos 16:1). ¿Por qué estas mujeres actuaron de esta manera? Ellas tomaron de su dinero, incluso de sus ahorros, para ir a comprar los perfumes más caros para ungir el cuerpo del Señor Jesús. En la perspectiva humana, pareciera un dinero mal usado o desperdiciado ya que sería usado en un cadáver. Sin embargo, para estas mujeres fue revelado lo precioso, grandioso, magnifico y extraordinario que Jesús es porque ellas tuvieron una verdadera experiencia con Él. Por este motivo en todas las Universal alrededor del mundo en el altar usted leerá la siguiente frase, “Jesucristo es el Señor”, ya que Jesús ha sido revelado en la vida de millones de personas y se ha tornado en su Señor y Salvador, como sucedió con estas mujeres.

Pero, para que Jesús sea mi Salvador, es importante que Él sea, primeramente, mi Señor. Cuando Jesús se torna en el Señor de la persona, automáticamente ella se tornará en Su siervo. La persona vive para Él, incluso no toma ninguna decisión importante (comprar una casa, viajar, casarse) sin consultarle. No vive a su modo o manera, sino a la voluntad de Él. La persona tiene conciencia que cuando hace las cosas a su manera, habrá consecuencias que traerán fracaso, derrota, vergüenza, y humillación en su vida. Incluso, cuando alguien vive conforme a su voluntad, en la realidad está permitiendo que el diablo domine su vida. Por este motivo varias personas actualmente viven una vida llena de desgracia, infelicidad, miserable y vacía que nada o nadie puede llenar.

Sin embargo, cuando el Señor Jesús es el salvador de la persona, Dios viene a transformar su vida. Pero, antes de Él ser el salvador, Jesús tienen que ser el Señor también de la vida de la persona. Cuando Él es el Señor, la persona se torna en su siervo. Ella no toma ninguna decisión sin primero buscar la dirección e inspiración de Dios (dónde comprar una casa, con quién casarse, cuándo viajar…). Aunque los planes de Dios vayan en contra de su voluntad, la persona sacrifica su querer para obedecerle a Él. Esta persona toma esa actitud porque hay una certeza que todo lo que proviene del Señor lo acerca más a Él, lo bendice y lo enriquece, principalmente espiritualmente al recibir el Espíritu Santo, quien guía a toda verdad.

“Y muy de mañana, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro cuando el sol ya había salido. Y se decían unas a otras: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Cuando levantaron los ojos, vieron que la piedra, aunque era sumamente grande, había sido removida. Y entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido con ropaje blanco; y ellas se asustaron. Pero él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde le pusieron” (Marcos 16:2-6). En estos versos bíblicos se destacan dos palabras cuales son crucificado y resucitado. El Señor Jesús fue crucificado a causa de los pecados de la humanidad, incluyendo el de estas mujeres, pero Él venció la muerte, la tumba y el infierno. Gracias a esto, aquellos que han aceptado a Jesús como su Señor, también logran alcanzar las mismas victorias que Él conquistó. La persona logra resucitar espiritualmente a través del Espíritu Santo.

Incluso, no existe piedra, por más grande que sea, que no sea removida. Esta piedra ha representado en la vida de muchas personas los obstáculos, problemas imposibles, duda, miedo, y la incredulidad. Pero, cuando Jesús es el Señor, como lo fue en la vida de estas mujeres, esa piedra es removida porque el propio Dios ordena a un ángel a removerla. Él actúa en nosotros y por nosotros al darnos el Espíritu Santo para poder vencer. Cuando el siervo ora, Dios manda a sus ángeles para que permanezcamos en su favor. Los espíritus demoniacos pueden estar rodeándole, pero no pueden tocar porque los ángeles de Dios están alrededor.

Por este motivo cuando la persona toma la decisión de servir a Dios, Él le honra con el bautismo en el Espíritu Santo. Por consecuencia, la persona tiene el entendimiento que lo principal no es lo material, sino lo espiritual. Como estas mujeres, no quedan estancadas porque hay ángeles a su alrededor para remover todas las piedras que estén en el camino. Dentro de si no hay motivo por el cual temer o dudar ante las malas noticias porque tiene fe que esa piedra será removida. Así como el Señor Jesús venció todo, aquellos quienes sirven a Dios también vencerán todo.

Dios le bendiga.

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