El crisol es para la plata y el horno para el oro, y al hombre se le prueba por la alabanza que recibe.”
Proverbios 27:21
A pesar de que este asunto no sea muy comentado entre los predicadores de la Palabra de Dios, es profundamente importante y debe ser tratado de modo claro y bien serio, con el fin de evitar el mayor de todos los pecados: tocar la gloria de Dios, pues:
“…así dice el Señor: No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco, declara el Señor.”
Jeremías 9:23-24
Podemos observar que en estos versículos Dios señala tres puntos principales de la vulnerabilidad del hombre en su tendencia a buscar la gloria para sí mismo: la sabiduría, la fuerza y la riqueza.
Satanás ha sugerido constantemente en el corazón de los hombres el deseo de recibir la gloria de este mundo, con la finalidad de corromper su alma y así apartarlos de Dios. A partir del momento en que la persona se deja llevar por el sentimiento de auto-suficiencia, empieza a pensar que ella es su propio Dios.
El sabio cree más en su sabiduría que en Dios; el fuerte cree más en su fuerza que en Dios y el rico cree más en su poder económico que en Dios. Fue ese el espíritu que llevó a los emperadores romanos en sus respectivas épocas a sacrificar a los cristianos primitivos, pues ellos creían que eran dioses, por el gran poder concentrado en sus manos, y así obligaban a todos los que solamente aceptaban adorar al Señor a adorarlos, en caso contrario, eran lanzados a los leones, quemados, asados o entonces serrados por la mitad.
El hombre de Dios tiene que estar siempre vigilando su corazón para no permitir la entrada de ningún sentimiento diabólico. Además de eso no debe aceptar la gloria bajo ninguna hipótesis, pues ella puede empezar con una simple palabra de elogio, y de repente, cuando no se recibe más la alabanza, el corazón empieza a sentir su falta y el hambre de ella. Es muy peligroso.
Si alguien de entre aquellos que han sido beneficiados por el ministerio del pastor trae una palabra de elogio o de estímulo glorificante, y no el estímulo de la fe, hay que rehusarlo inmediatamente del corazón y dejar bien claro que el Espíritu Santo es el dirigente de esta obra maravillosa y que el Señor Jesucristo es quien debe ser alabado y glorificado por los siglos de los siglos. ¡Nunca deje caer en el corazón un mínimo de gloria de este mundo porque esto puede ser el inicio de su derrota total!
El apóstol Pablo dijo:
“Ni buscando gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros, aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad.”
1 Tesalonicenses 2:6
En otra ocasión dijo:
“Así que nadie se jacte en los hombres…”
1 Corintios 3:21
Él sabía lo que la gloria de los hombres es capaz de realizar en el corazón de aquellos que están desprevenidos, hasta destruirlos totalmente.
continuara…
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