Muchas mujeres tienen el triste hábito de sufrir calladas las dificultades que enfrentan. Se sienten mal de sentirse mal y evitan buscar ayuda.
Se dicen a sí mismas: «respira profundo, cuenta hasta diez, sé fuerte…». Están sobrecargadas y aunque ven que no soportan más, insisten en lidiar con ello a solas. Angustiadas y oprimidas, creen que nadie entendería su dolor o temen parecer débiles.
Lo cierto es que en el mundo actual hay demasiadas presiones internas y externas llevando a la gente a sentirse en un callejón sin salida. Tormentas de pensamientos, dudas, inseguridades, sentimientos, emociones… Y, por no hablar, mujeres se convierten en bombas de tiempo, listas para hacer explosión o implosión.
El monstruo de la vergüenza
Es cierto, habrá tal vez quien no quiera entenderte cuando sufres, quien te critique, te juzgue mal o te ignore, pero no todas las personas son así. El peor monstruo que una mujer enfrenta se llama vergüenza, creer que eres la única a la que le pasan ese tipo de cosas.
Entre la vergüenza, el orgullo y el miedo, nada puede resolverse. El primer paso para «desactivarte» como bomba de tiempo es hablar con Dios; el segundo, pedirle a El te muestre a la persona correcta con quien te desahogarás.
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