¿Será que solo recibir la oración es suficiente?
Imagínese que usted invierte tiempo ayudando a un amigo a dejar un mal hábito, y aunque uno le ayuda, siempre vuelve a lo mismo. Ayudar a alguien que claramente no quiere comprometerse ni poner de su parte es una de las cosas más frustrantes. Es ahí donde uno se da cuenta de que ayudar no es suficiente; la otra persona también tiene que poner de su parte.
Es ahí donde se abre el siguiente tema: la intercesión de Jesús.
La Biblia dice así: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos” (Juan 17:9).
La oración de Jesús
Aquí, el Señor Jesús oraba por los que le pertenecen, los que guardan la Palabra y los que han decidido vivir para Dios. Muchos en este mundo desean un cambio, pero no ponen de su parte: reciben una oración y no cooperan con el cambio que el Señor Jesús quiere hacer. Por eso, Él oraba por sus discípulos para que estuvieran cubiertos con la protección de la oración.
Es por esta misma razón que, en esa oración, Jesús dijo: “No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno” (Juan 17:15).
Pero, cuando se habla de protección en este caso, se está hablando de fortaleza. Esto es para que no seamos dominados por el mal. Se repite: tenemos que cooperar con la oración. Dios no decide nuestras elecciones, porque tenemos libre albedrío. Por ejemplo, alguien puede orar por uno, pero si no tenemos la misma fe y no obedecemos, nada cambia ni se transforma.
Es decir, uno es debilitado o vencido porque así lo decide, no porque Dios no pueda protegerlo o no quiera hacerlo. La oración de Jesús nos demuestra que estamos cubiertos con Su protección, pero somos nosotros los que no cooperamos.
La santificación del Espíritu Santo
La Biblia no dice que cuando uno recibe el Espíritu Santo, lo recibe a medias. Dios hace Su obra completa. Por esa razón, uno sabe que el Espíritu Santo habita en uno a través de los frutos, y no de los dones espirituales. Eso se ve cuando Dios usa a unas personas más que a otras.
Por eso, la Biblia dice: “Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).
Dios se agrada cuando hablamos de Su Palabra, y esto se demuestra a través de la sabiduría que Él nos da. Ser dominado por el mal significa volverse frío en la relación con Él y con Su Palabra (la Biblia). Por eso, uno tiene que buscar momentos con Él.
¿Cómo puede uno vivir la Palabra si no la conoce?
Los peores pecados surgen cuando uno es engañado respecto a lo que dice la Palabra (la Biblia). La Biblia nos advierte que en los últimos días muchos serán engañados por no conocerla. Por eso, como se mencionó anteriormente, no podemos guiarnos por los dones espirituales o el poder. Lo principal de la fe son los frutos.
Ser uno con Jesús
“para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros” (Juan 17:21).
Jesús quiere que seamos uno con Él, que tengamos el mismo espíritu, el mismo carácter y la misma dirección. Este es Su mayor deseo: no quiere que vayamos a la perdición.
El hijo de perdición
Ser hijo de perdición es una elección y no es algo que Dios le impone a uno. Judas era uno de los discípulos, caminó con Jesús, oía la Palabra y hasta vio milagros. Pero él no guardó la Palabra en su corazón y tocó lo sagrado.
“…Y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición…” (Juan 17:12).
Es necesario tomar las cosas de Dios en serio y no darlas por sentado. La entrega debe ser con sinceridad para permanecer en la voluntad de Dios. Pero, más que todo, tenemos que guardar la Palabra (la Biblia) en nuestro corazón.

