Sin embargo, debido a la ignorancia y a la necedad de la humanidad, el ser humano, lamentablemente, solo piensa en su cuerpo. Cuando está frente a un espejo, enseguida quiere ver si está todo bien o si le falta algo. Unos piden la opinión de los amigos mientras que otros aguardan ansiosamente los elogios. O sea, todos tratan al cuerpo con cariño, incluso sabiendo que este se acabará. Pero ¿con qué empeño se cuida al alma, que no muere?
El cuerpo desaparecerá, pero el alma estará viva por toda la eternidad. Y la pregunta que queda es: ¿hacia dónde va su alma?
¡Somos nosotros los que decidimos! El destino de mi alma lo decidí cuando tenía 19 años: la coloqué en el Altar, en las manos de mi Dios. Desde entonces, no pienso en otra cosa a no ser conservarla en el Altar de Dios.
El diablo no está interesado en su cuerpo; si es bonito o feo. Él sabe que, un día, la muerte le colocará un fin a ese cuerpo y este se pudrirá y se acabará. Satanás está interesado en su alma, pues quiere que pase la eternidad con él en el lago de fuego y azufre.
Entienda que el peor destino no es el infierno, sino el lago de fuego y azufre. Y sus eternos residentes serán:
Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Apocalipsis 20:10
Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Apocalipsis 20:14 RVA
Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego. Apocalipsis 20:15
Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. Apocalipsis 21:8
Continuará…
Libro: Secretos y Misteriosos del Alma
Autor: Obispo Edir Macedo

