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El SEÑOR de los Ejércitos

El SEÑOR de los Ejércitos

¿No es increíble encontrar, en un único versículo, tres veces el título “Señor de los Ejércitos”? Para mí, eso significa que Dios quiere despertar a los valientes y suscitar el coraje en Su pueblo para enfrentar a todas las huestes del diablo.

Diles, pues: Así dice el SEÑOR de los Ejércitos: “Volveos a Mí” — declara el SEÑOR de los Ejércitos — “y Yo Me volveré a vosotros” — dice el Señor de los Ejércitos.

Zacarías 1:3

Dios es SEÑOR del ejército de ángeles en el Cielo, del ejército de estrellas en el firmamento y del ejército de hombres y mujeres que Le sirven en la Tierra. Su poder es infinito, Sus recursos son ilimitados, por lo tanto, no puede haber excusas para el fracaso.

La repetición del título “SEÑOR de los Ejércitos” debe estar vivaz en nuestra mente para recordarnos que, si nacemos de lo Alto, formamos parte de un ejército que triunfa siempre, no importando el tamaño de la batalla, el grado de dificultad o las armas del enemigo.

Los pueblos de todas las naciones conocían bien la importancia de un ejército en aquella época, pues vivían en constantes conflictos. Las guerras ocurrían para tomar territorios del otro, para apoderarse de los recursos naturales de una determinada región, como el agua, por ejemplo.

Por eso, cuando Dios Se identificó ante Su pueblo como “Señor de los Ejércitos”, sabía que Israel entendería bien ese lenguaje, ya que la nación vivía teniendo que defenderse de amenazas, construir fuertes y altas murallas alrededor de sus ciudades y mantenerse en vigilancia 24 horas para no ser tomada por sorpresa por los enemigos. Esa fue la manera que el Todopoderoso usó para que Israel se fijara en Su Palabra y entendiera el propósito Divino para sus vidas.

“Así dice el SEÑOR de los Ejércitos”, quiere decir que Él es el SEÑOR de la victoria. Él es el Señor que nos garantiza prevalecer en la fe, en la vida, prevalecer sobre el infierno y permanecer dentro del Reino de Dios. Por lo tanto, es el SEÑOR de los Ejércitos Quien tiene todas las armas de la guerra espiritual, o sea, todo el poder y toda la autoridad para conducir a Sus siervos al triunfo.

Pienso que, al repetir que Él es el SEÑOR de los Ejércitos, Dios quiera mostrar que muchas personas, a pesar de oír o leer al respecto de Su poder, no entienden que ese poder está a disposición de ellas. Aunque la explicación bíblica sea clara, gran parte de los cristianos no vive la Palabra de Dios. Frente a eso, las promesas gloriosas de las Sagradas Escrituras no pasan de ser informaciones para ellos. Esa es la razón por la cual muchos están débiles espiritualmente y coleccionan derrotas.

El Altísimo Se ocupa de resaltar tres veces Quién Él es para que usted, que está abatido, fracasado o que vive una fe hipócrita y emotiva, finalmente se despierte. Y, principalmente, para usted que dice: “El SEÑOR es mi Pastor y nada me faltará”, pero que, en la práctica, le falta de todo: felicidad en el matrimonio, dinero, salud, trabajo y el pan nuestro de cada día.

Pero ¿por qué ocurre eso? En mi opinión, el SEÑOR no ha sido de hecho su Pastor, porque usted se resiste a oír Su Voz y a obedecerla. A causa de eso, Él no lo guía a los lugares de verdes pastos. Usted conoce la Biblia y sabe lo que tiene que hacer, pero no lo hace.

Tal vez usted intente servir al SEÑOR a su manera; sin embargo, no hay siervos que sirvan a sus señores según sus propias voluntades. La persona que se coloca como siervo del Señor Jesús, por ejemplo, tiene que servirlo a la manera de Él, y no a su propia forma. Del mismo modo, si la persona sirve al diablo, no tiene escapatoria o elección, pues tiene que servir a la manera que él quiere y que le gusta; de lo contrario, el mal la castigará.

Conocí a personas que sirvieron a espíritus, guías y entidades en la brujería y que las amenazaron con quebrarles las piernas si no hacían determinado ritual de la forma exacta como les había sido pedido. Lo extraño es que hay personas que le tienen miedo al diablo y, por eso, lo sirven con todas sus fuerzas; no obstante, hay cristianos que actúan sin temor para con el Dios Eterno. El motivo de eso es que Le sirven de forma relajada, porque no Lo tienen como SEÑOR y gran Rey.

Vengo predicando y hablando sobre el SEÑOR de los Ejércitos hace décadas y he enfrentado las peores oposiciones del infierno. Si el SEÑOR de los Ejércitos no estuviera conmigo, ¿cree que yo estaría aquí? ¿No cree que las entidades y toda clase de espíritus inmundos ya me habrían destruido? ¿No me habrían sobrepasado? Entonces, ¿por qué permanezco de pie? A pesar de toda la envidia, de toda la polémica que crean en torno a mi nombre, de todas las acusaciones y de todo el infierno, continúo aquí porque es al SEÑOR de los Ejércitos a Quien sirvo y es por el SEÑOR de los Ejércitos que, todos los días, desafío al engaño y a los dioses de este mundo.

Esta es mi fe y la fe que predico en la Iglesia Universal del Reino de Dios. ¡Y a quien cree así lo invito a venir conmigo para que destruyamos el infierno! Pero a quien no cree, no lo puedo ayudar, no puedo hacer nada.

Nuestra prédica es intrépida porque no hay forma de ignorar la guerra espiritual instaurada en este mundo. Esta guerra está implantada incluso en nosotros mismos, pues, para que obedezcamos la Palabra, necesitamos vencer a nuestra propia carne que, todo el tiempo, milita en oposición a la voluntad de Dios (ver Gálatas 5:17).

“Es solamente por la guerra espiritual que hombres y mujeres, comprometidos con el Evangelio, llevan la Luz hacia donde hay tinieblas, con el fin de que almas sean conducidas al Señor Jesús y sean libres de la esclavitud espiritual y de la muerte eterna.

Entonces, quien ignore la realidad de la pelea entre el bien y el mal, entre el Reino de Dios y el reino del diablo, caerá en ese conflicto, independientemente del título eclesiástico, diploma académico, buenas intenciones, conocimiento bíblico o tiempo de iglesia.

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