¿Cómo medir el valor de un alma? En la visión del Señor Jesucristo, nada en este mundo se compara al valor de un alma.

La alegría de Dios por un alma

¿Cómo medir el valor de un alma? En la visión del Señor Jesucristo, nada en este mundo se compara al valor de un alma. Para abrir los ojos espirituales de los discípulos sobre eso, a través de una simple parábola, Él enseña:

¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la que está perdida hasta que la hallaAl encontrarla, la pone sobre sus hombros, gozoso; y cuando llega a su casa, reúne a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: «Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido». Os digo que de la misma manera, habrá más gozo en el Cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento (Lucas 15:4-7).

Dios nunca permaneció pasivo en el Cielo, lamentándose por la caída del hombre y por su desvío constante. Su amor siempre fue visto en acción, al buscar a pecadores perdidos y recibirlos con toda la disposición.

El Altísimo es exactamente como el hombre de la parábola que, incansablemente, busca rescatar a las ovejas desgarradas y heridas. Para eso, Él ofreció a Su único Hijo a fin de salvar a esas ovejas. Dios las entregó en manos del Señor Jesús para que jamás perezcan.

Mis ovejas oyen Mi voz, y Yo las conozco y Me siguen; y Yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de Mi mano. Mi Padre que Me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre (Juan 10:27-29).

La alegría de Dios en tener a Sus ovejas Consigo es tan grande que Él jamás las deja solas en el combate en este mundo. Al contrario, la Santísima Trinidad trabaja día tras día para terminar la buena obra que un día fue iniciada en cada alma.

¡Ojalá cada cristiano tuviera esa visión divina! Ciertamente habría muchos más motivos para tener alegría en el Cielo, y eso disminuiría el sufrimiento de Dios por las ovejas perdidas.

Continuará…

Si le interesa lea también: Cuando se enferma a causa del alma (Parte II)

Libro: Secretos y Misterios del Alma
Autor: Obispo Edir Macedo

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