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Los apegos del corazón (parte II)

Los apegos del corazón (parte II)

La vida espiritual también sufre por la desobediencia del corazón. Hay muchas personas que aún no recibieron el bautismo con el Espíritu Santo y, por eso, cuestionan al pastor y a los obreros, reclaman, murmuran y se lamentan, como si Dios estuviera siendo injusto con ellas. Esas personas no ven que su motivación interior no es servir al Altísimo, sino una ambición personal de tener lo que los demás tienen. El Espíritu Santo no es una mercadería expuesta en una vitrina, que se adquiere para poder decir orgullosamente que Lo tiene.

O sea, incluso en el gesto más sublime de buscar la promesa del Espíritu Santo, el corazón puede engañar al ser humano.

Si usted quiere el Espíritu Santo, necesita querer no ser más quien ha sido.

Cuando existe el deseo de ser una nueva criatura, el objetivo es noble y beneficiará a la Obra de Dios en este mundo. Y, viendo su propósito, el Todopoderoso viene sobre usted.

Ver las reales motivaciones del corazón y hacia dónde nos ha conducido vale para todo en la vida. He visto a muchas personas obsesionadas en la conquista de un sueño y, para alcanzarlo, colocan toda la fuerza, sin darse cuenta de que ese objetivo está siendo instigado por el corazón engañador. Muchos persiguen algo durante años y ni siquiera saben el porqué, mucho menos que eso les traerá sufrimiento y desilusión.

Necesitamos prestar atención, pues nuestros mayores problemas no fueron causados por los demás, como muchos piensan. Nuestras pérdidas no provinieron de la envidia o de los deseos maliciosos de los que no nos quieren, sino de las sugerencias de nuestro propio corazón.

Por eso, nuestro corazón debe estar en el Altar. Solamente así estaremos libres de tanto engaño y de tanta maldad. El Altar es el lugar santo, donde el Espíritu de Dios, por medio de la Palabra, conduce nuestra alma de acuerdo con Su voluntad.

Ante esta realidad, todos necesitan responder las siguientes preguntas: ¿Qué tesoro aspiramos tener? ¿Por qué? ¿Qué conquistamos y guardamos dentro de nosotros como nuestro bien más valioso?

Vea bien, si lo que usted más valora es la familia, su familia es su tesoro. Si es el novio, entonces él es su tesoro. Si es una casa, un título académico, una posición en la sociedad…

“Sepa que el Señor Jesús dijo que, donde esté su tesoro, allí estará su corazón apegado” (Mateo 6:21).

Continuará…

Si le interesa lea también: Los apegos del corazón (parte I)

Libro: Secretos y Misterios del Alma
Autor: Obispo Edir Macedo